
Por perspectiva internacional
25 de enero de 2026
Canadá planta cara a Washington bajo el liderazgo de Mark Carney
Cuando muchos buscaban en Europa una voz capaz de marcar límites a Donald Trump, fue desde Canadá que emergió una de las respuestas más contundentes. Mark Carney, primer ministro canadiense desde 2025 y exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra, sorprendió en el Foro Económico Mundial de Davos con un discurso que lo posicionó como una figura central frente al nuevo desorden internacional impulsado por Washington.
Mark Carney y el fin de la ilusión del orden liberal
Sin mencionar directamente al presidente estadounidense, Carney habló de una “ruptura del orden mundial” y del inicio de una etapa en la que la geopolítica entre grandes potencias ya no estaría sujeta a límites. “No estamos en una transición, estamos en una ruptura”, advirtió ante la élite política y empresarial global. Su mensaje fue interpretado como una crítica directa al unilateralismo de Trump, que por esos días volvía a amenazar con aranceles a Europa y ratificaba su intención de anexionarse Groenlandia.
El tecnócrata que desafía a Trump
Carney apeló especialmente a las llamadas “potencias medias”, alertando sobre el riesgo de quedar subordinadas a gigantes como Estados Unidos o China. “Si no estás en la mesa, estás en el menú”, dijo, instándolas a actuar juntas. El discurso, inusual por su tono político en un foro dominado por el pragmatismo económico, fue recibido con una ovación de pie, algo poco habitual en Davos.
De banquero central a primer ministro
El ascenso de Carney al poder fue tan rápido como inesperado. Hasta hace poco más de un año no figuraba entre los nombres fuertes de la política canadiense. La renuncia de Justin Trudeau en enero de 2025, tras una prolongada crisis de popularidad, abrió un vacío que Carney llenó tras ganar el liderazgo del Partido Liberal. Convocó elecciones anticipadas, se presentó como el hombre indicado para enfrentar las presiones de la Administración Trump —que incluso llegó a sugerir convertir a Canadá en el “Estado 51” de EE. UU.— y terminó consolidándose en el cargo.
El ascenso de Mark Carney y la nueva estrategia internacional de Canadá
Su biografía ayuda a entender su perfil: nacido en Fort Smith, en los remotos Territorios del Noroeste, hijo de profesores, formado en Harvard y Oxford, y con una carrera de 13 años en Goldman Sachs, Carney se convirtió en 2007 en gobernador del Banco de Canadá. Allí atravesó la crisis financiera de 2008 con una gestión que evitó daños mayores a la economía nacional. Más tarde fue nombrado gobernador del Banco de Inglaterra, el primero extranjero en dirigir la institución, enfrentando el referéndum escocés y el Brexit.
Esa experiencia en crisis sistémicas explica, en parte, su soltura como comunicador en escenarios de alta tensión. En Davos no improvisó: el discurso fue escrito íntegramente por él y reforzó su imagen de líder reflexivo y directo.
Una relación ambigua con Trump
Paradójicamente, Carney mantiene una relación cordial con Trump. El propio presidente estadounidense lo elogió como “un líder de talla mundial” y “un negociador tenaz”. Sin embargo, tras el discurso en Davos, Trump endureció su retórica y amenazó con imponer aranceles del 100% a Canadá si firmaba un acuerdo comercial con China, acusando a Ottawa de querer convertirse en una “puerta trasera” para los productos chinos.
Cómo Mark Carney reposiciona a Canadá en un mundo en ruptura
El episodio dejó en evidencia la fragilidad del vínculo bilateral. Canadá es, quizá, el país más expuesto a la “ira trumpiana”, como advirtió el Nobel de Economía Paul Krugman, debido a su profunda interdependencia económica con Estados Unidos. A pesar de los intentos de apaciguamiento de Carney —incluida la suspensión de aranceles de represalia y la eliminación de impuestos a grandes tecnológicas—, Ottawa sigue siendo el único miembro del G-7 sin un acuerdo comercial con Washington.
Pragmatismo y giro tecnocrático
A diferencia de Trudeau, Carney no se presenta como un líder progresista. Ha retirado el impuesto a las emisiones, reducido barreras comerciales interprovinciales, impulsado la producción energética y promovido grandes proyectos de infraestructura. Su estilo es descrito como “centroderecha” por académicos canadienses, más enfocado en lo económico que en lo social.
Ese pragmatismo también se refleja en su política exterior. Intensificó los contactos con Europa y Asia y, pocos días antes de Davos, viajó a China para firmar un acuerdo que reduce aranceles a vehículos eléctricos chinos a cambio de concesiones comerciales. Una señal clara de que Ottawa busca diversificar sus vínculos para reducir la dependencia de Estados Unidos.
Un mensaje para la era de las grandes potencias
Carney parece haber asumido que la era del orden liberal basado en reglas llegó a su fin. “Las relaciones con Estados Unidos no volverán a ser las mismas”, repite. Frente a la lógica de poder desnudo que encarnan Washington, Moscú y Pekín, su apuesta es fortalecer alianzas entre potencias medias y reforzar la autonomía estratégica canadiense.
Pragmatismo y poder: el estilo Carney en tiempos de trumpismo
Sus críticos sostienen que ha descuidado la agenda ambiental y los derechos indígenas, y que aún no ha logrado mejorar el poder adquisitivo de los canadienses ni cerrar la guerra comercial con EE. UU. Pero su popularidad se mantiene alta y su figura ha ganado peso internacional.
Carney en Davos: la voz canadiense que incomoda a Trump
En un contexto marcado por el repliegue estadounidense y la erosión de las normas multilaterales, Mark Carney emerge como un líder improbable pero relevante: un tecnócrata convertido en primer ministro que, con pragmatismo y discurso firme, intenta ofrecer una respuesta al trumpismo desde uno de los países más vulnerables a su impacto.



