Perspectiva Internacional

Trump y el estrecho de Ormuz, cuando la geopolítica se convierte en una disputa territorial

Por Perspectiva Internacional

Washington, 18 de agosto de 2026

La pretensión de convertir el estratégico estrecho de Ormuz en “nuevo territorio de Estados Unidos” lleva la política expansionista de Donald Trump a un terreno inédito y vuelve a poner en cuestión el orden internacional basado en normas.

La política exterior de Donald Trump parece haber entrado en una nueva etapa. Lo que durante su regreso a la Casa Blanca comenzó como una sucesión de amenazas, provocaciones y reivindicaciones territoriales —desde Groenlandia y el canal de Panamá hasta Canadá— adquiere ahora una dimensión particularmente sensible: el presidente estadounidense ha comenzado a presentar al estrecho de Ormuz como un eventual “nuevo territorio” de Estados Unidos.

La batalla por Ormuz: Trump desafía las reglas del orden internacional

Trump difundió en su propia red social una imagen en la que aparece señalado el estratégico paso marítimo entre Irán y Omán, acompañado de la leyenda “NUEVO Territorio de Estados Unidos”. El mensaje no parece una simple ocurrencia retórica. Días antes, el mandatario ya había afirmado que Washington podría “quedarse” con el estrecho después de derrotar a Irán.

Trump y el mapa del poder: de Groenlandia a Ormuz

Más allá de que estas declaraciones se concreten o no, constituyen una señal política de enorme importancia. El estrecho de Ormuz no es un territorio abandonado ni una zona sin soberanía: es un corredor marítimo estratégico situado entre Irán y Omán y sometido a un complejo régimen jurídico internacional.

El corazón energético del mundo

La importancia de Ormuz excede ampliamente a los países que lo rodean.

Por este estrecho circula una parte fundamental del comercio mundial de petróleo y gas. Su estabilidad resulta determinante para los mercados energéticos internacionales y, por extensión, para la economía global.

Por eso, el control de Ormuz ha sido durante décadas una de las principales preocupaciones estratégicas de Estados Unidos y de las grandes potencias.

La disputa por Ormuz y el peligro de un mundo gobernado por la fuerza

Washington ha defendido históricamente la libertad de navegación y ha utilizado su poder naval para garantizarla en diferentes puntos estratégicos del planeta. Pero la nueva retórica de Trump introduce una contradicción evidente: una cosa es defender la libertad de navegación internacional y otra muy diferente es plantear que una potencia pueda apropiarse del espacio marítimo que pretende proteger.

La diferencia no es solamente jurídica. Es política.

De la libertad de navegación al control territorial

Trump sostiene que Estados Unidos posee actualmente el “control total” del estrecho y utiliza como argumento la superioridad militar estadounidense frente a Irán.

Pero controlar militarmente una vía marítima durante un conflicto no equivale a adquirir soberanía sobre ella.

La diferencia es fundamental para comprender el alcance de la declaración.

Trump, Ormuz y el fin de las certezas del orden internacional

Si una potencia militar interpreta que su capacidad para controlar una ruta estratégica le otorga derechos territoriales sobre ella, se estaría ante un cambio profundo de las reglas que han organizado las relaciones internacionales desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El problema no afecta únicamente a Oriente Próximo.

El precedente mas importante que la disputa

Una lógica semejante podría ser utilizada en otros puntos estratégicos del planeta: estrechos, canales, rutas marítimas, corredores energéticos o territorios disputados. El precedente sería potencialmente mucho más importante que la propia disputa por Ormuz.

Irán y Omán, en el centro de la tensión

La situación resulta todavía más compleja porque el estrecho se encuentra entre Irán y Omán.

Teherán considera el área parte esencial de su seguridad nacional y ha utilizado históricamente su posición geográfica como instrumento de presión frente a Estados Unidos y sus aliados.

Omán, en cambio, mantiene una relación estrecha con Washington y ha desempeñado tradicionalmente un papel de mediador entre Estados Unidos e Irán.

La escalada actual amenaza con modificar incluso ese delicado equilibrio.

¿Puede una potencia apropiarse de un estrecho internacional? El desafío de Trump

Trump también ha cuestionado las conversaciones entre Omán e Irán destinadas a establecer mecanismos de navegación y eventualmente sistemas de peaje. El presidente estadounidense ha dejado entrever que Washington podría imponer sus propias condiciones para el tránsito marítimo.

Así, una disputa que originalmente tenía como eje la guerra entre Estados Unidos e Irán comienza a transformarse en una discusión sobre quién tiene autoridad para regular una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

El fracaso de las negociaciones

La declaración sobre Ormuz se produce, además, en un momento especialmente delicado.

El plazo de 60 días establecido por Washington y Teherán para avanzar hacia un acuerdo que pusiera fin al conflicto llegó a su vencimiento sin resultados concretos.

Trump sostiene que Estados Unidos ha obtenido una victoria militar decisiva y que Irán se encuentra gravemente debilitado. Teherán, por su parte, rechaza esa interpretación y mantiene su capacidad para desafiar la presencia estadounidense en la región.

Mientras tanto, la navegación por Ormuz continúa siendo extremadamente vulnerable.

La reducción del tráfico marítimo, los ataques contra embarcaciones y la amenaza de nuevas acciones militares afectan directamente al comercio internacional y contribuyen a aumentar la incertidumbre sobre los precios de la energía.

En ese contexto, declarar que Estados Unidos podría convertir el estrecho en territorio propio no contribuye precisamente a reducir las tensiones.

¿Una nueva doctrina expansionista?

La cuestión central es si las declaraciones de Trump deben interpretarse como una estrategia real o como una herramienta de presión política y negociación.

Probablemente exista una combinación de ambas.

Cuando el poder pretende convertirse en soberanía: Trump y el estrecho de Ormuz

Trump ha demostrado que utiliza las amenazas territoriales y económicas como instrumentos de presión. Algunas de sus declaraciones pueden funcionar como puntos de partida para futuras negociaciones, aun cuando parezcan inicialmente imposibles.

Pero existe un elemento novedoso, Del canal de Panamá a Ormuz: la nueva geopolítica expansionista de Trump

La suma de reivindicaciones sobre Groenlandia, el canal de Panamá, Canadá y ahora Ormuz permite identificar algo más que episodios aislados: la recuperación de una concepción abiertamente transaccional de las relaciones internacionales, en la que el poder militar y económico estadounidense pretende traducirse directamente en ventajas territoriales y estratégicas.

El problema es que el sistema internacional contemporáneo fue construido precisamente para limitar ese tipo de lógica.

El mundo observa

La reacción internacional ante las declaraciones sobre Ormuz será particularmente relevante.

China, Rusia, paises del Golfo y Europa

China, Rusia, la Unión Europea y los países del Golfo tienen intereses directos en la estabilidad de la región. Para muchos de ellos, cualquier intento estadounidense de transformar un corredor internacional en una zona bajo control territorial exclusivo representaría un precedente difícil de aceptar.

También para los países latinoamericanos la cuestión merece atención

América Latina conoce las consecuencias de las relaciones internacionales basadas en la desigualdad de poder. Durante décadas, la región ha experimentado presiones externas vinculadas al control de recursos naturales, rutas estratégicas y mercados.

Por eso, la discusión sobre Ormuz no debería observarse únicamente como un episodio lejano de la guerra entre Washington y Teherán.

Está en juego una pregunta mucho más amplia: ¿puede una gran potencia convertir su superioridad militar en un derecho de propiedad sobre espacios estratégicos del planeta?

Si la respuesta comenzara a ser afirmativa, el problema ya no sería solamente Trump.

Sería el comienzo de una transformación profunda del orden internacional.

Ormuz como síntoma de un mundo en transición

El estrecho de Ormuz representa mucho más que un paso marítimo.

Es un punto de encuentro entre energía, comercio, poder militar y geopolítica. Y ahora se ha convertido también en el escenario de una disputa sobre los límites del poder estadounidense.

Trump puede estar utilizando la amenaza de anexión como una herramienta de negociación. Puede incluso que nunca intente llevarla a la práctica.

Ormuz y el nuevo orden mundial: cuando las grandes potencias desafían las reglas

Pero el hecho de que una reivindicación semejante pueda ser formulada desde la Casa Blanca sin que resulte inmediatamente descartada como imposible revela hasta qué punto está cambiando el lenguaje de la política internacional.

El mundo que emerge de las guerras de Ucrania y Oriente Próximo parece cada vez menos dispuesto a aceptar las reglas del orden internacional construido después de 1945.

La pregunta que queda abierta es si ese nuevo mundo estará gobernado por normas compartidas o por la capacidad de las grandes potencias para imponerlas.

Y en el estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta, esa disputa acaba de adquirir una nueva dimensión.