Perspectiva Internacional

Trump vuelve a mirar a Kim Jong-un mientras busca una salida al laberinto de Irán

Por Perspectiva Internacional

Washington, 19 de agosto de 2026

El presidente estadounidense evalúa una nueva cumbre con el líder norcoreano y reduce las maniobras militares con Corea del Sur. La iniciativa puede modificar los equilibrios en Asia-Pacífico y refleja la búsqueda de Trump de un triunfo diplomático en un escenario internacional cada vez más complejo.

Donald Trump vuelve a poner sus ojos sobre Kim Jong-un. Casi una década después de aquellas cumbres que marcaron uno de los episodios más singulares de la política exterior estadounidense, el presidente de Estados Unidos evalúa la posibilidad de reunirse nuevamente con el líder norcoreano durante su próxima gira por Asia.

La cumbre podria ser en Noviembre

La posibilidad de una nueva cumbre, que podría producirse en noviembre en el marco de la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen, China, todavía no constituye un acuerdo formal. Sin embargo, el propio Trump confirmó que considera posible el encuentro y aseguró que los contactos con Pyongyang son positivos.

Corea del Norte vuelve al centro de la estrategia internacional de Trump

El movimiento adquiere una relevancia especial porque se produce mientras Washington enfrenta dificultades para encontrar una salida al conflicto con Irán. La guerra, lejos de convertirse en una victoria rápida, se ha transformado en un problema estratégico para la Casa Blanca. En ese contexto, Trump parece volver a una fórmula que ya utilizó durante su primer mandato: la diplomacia personal con líderes considerados adversarios de Estados Unidos.

De “hombre cohete” a “brillante camarada”

La relación entre Trump y Kim Jong-un tuvo su momento de mayor exposición internacional entre 2018 y 2019, cuando ambos dirigentes mantuvieron tres encuentros, los primeros en la historia entre un presidente estadounidense y un máximo líder norcoreano.

Aquellas reuniones estuvieron acompañadas por una intensa campaña mediática y por declaraciones que llegaron a presentar la relación personal entre ambos dirigentes como una herramienta capaz de modificar décadas de confrontación.

Sin embargo, el resultado concreto fue limitado. Las negociaciones destinadas a avanzar hacia la desnuclearización de Corea del Norte fracasaron y Pyongyang continuó desarrollando su programa nuclear y misilístico.

El arsenal nuclear de Corea del norte

Según la información difundida por la prensa estadounidense y recogida en la noticia, Corea del Norte posee actualmente un arsenal nuclear considerablemente mayor que el que tenía una década atrás. El dato revela uno de los principales cambios del escenario: si Trump pretende retomar el diálogo, ya no negociará con la misma Corea del Norte de 2018.

El régimen de Kim llega a una eventual negociación desde una posición diferente, fortalecida por sus vínculos con China y Rusia y por la experiencia militar adquirida a partir de su participación en la guerra de Ucrania.

La presión sobre Corea del Sur

El posible acercamiento a Pyongyang está acompañado por otra decisión significativa: Washington ordenó reducir las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur.

Los ejercicios, iniciados el 17 de agosto, debían extenderse hasta el 27, pero finalizarán anticipadamente el día 21. Además, los aliados realizarán solamente la fase defensiva de las maniobras y dejarán de lado el componente destinado a ensayar una eventual contraofensiva.

Sorpresa en Corea del sur por suspensión de ejercicios militares

La decisión provocó sorpresa en Seúl porque los ejercicios militares conjuntos constituyen uno de los pilares de la alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur y son considerados fundamentales para mantener la capacidad de respuesta frente a Corea del Norte.

Pero detrás de esta decisión aparece también una disputa política más amplia.

Trump reclama una mayor colaboración de Corea del Sur en relación con el conflicto en Irán y considera insuficiente la participación de su aliado. El Gobierno de Seúl, por su parte, sostiene que ha contribuido a los esfuerzos internacionales destinados a alcanzar un alto el fuego y garantizar la circulación por el estrecho de Ormuz.

La reducción de los ejercicios militares puede interpretarse, por lo tanto, como una señal dirigida simultáneamente a tres actores: Pyongyang, Seúl y Pekín.

Una negociación con múltiples tableros

El escenario es particularmente complejo porque la cuestión norcoreana ya no puede analizarse exclusivamente como un enfrentamiento entre Washington y Pyongyang.

Trump y Kim Jong-un: una nueva partida en el tablero de Asia

Corea del Norte ha profundizado en los últimos años sus relaciones con Rusia y China. La cooperación militar con Moscú adquirió una dimensión especialmente importante a partir de la guerra en Ucrania, mientras que Pekín continúa siendo el principal socio económico y político de Pyongyang.

La llegada del canciller chino Wang Yi a Seúl, precisamente en el momento en que Washington anuncia la reducción de sus maniobras militares, agrega otro elemento al tablero.

China sigue de cerca la situacion en la peninsula coreana

China tiene un interés directo en cualquier modificación de la situación en la península coreana. Una eventual distensión entre Washington y Pyongyang podría reducir la presencia militar estadounidense en la región, algo que potencialmente beneficiaría a Pekín. Pero, al mismo tiempo, China deberá evitar que una negociación bilateral entre Trump y Kim altere el equilibrio regional de una manera que termine perjudicando sus propios intereses.

Japón observa con preocupación

Tokio también sigue con atención los movimientos de Washington.

Japón enfrenta desde hace años la amenaza misilística y nuclear norcoreana y depende de la alianza con Estados Unidos para su estrategia de seguridad. Por eso, cualquier reducción significativa de la presencia militar estadounidense en la península puede generar preocupación en Tokio.

La incertidumbre sobre el rumbo de la política exterior de Trump está llevando además a Japón a reforzar sus relaciones estratégicas con otros socios regionales, particularmente Australia.

La estructura de seguridad de Asia Pacifico

De esta manera, una eventual negociación entre Washington y Pyongyang no afectaría solamente a las dos Coreas. Podría desencadenar una nueva discusión sobre la arquitectura de seguridad de todo el Asia-Pacífico.

Kim también tiene algo que ganar

La iniciativa de Trump no significa que Kim Jong-un esté necesariamente interesado en regresar a las condiciones de negociación de 2018.

La respuesta inicial de Pyongyang fue fría. Kim Yo Jong, hermana y una de las principales figuras del régimen, afirmó desconocer la existencia de contactos destinados a organizar una nueva cumbre.

La posición norcoreana puede responder a una lógica sencilla: si Estados Unidos quiere negociar, Pyongyang puede esperar y observar qué está dispuesto a ofrecer Washington.

Corea del Norte con más capacidad de negociación

Corea del Norte llega hoy a la mesa hipotética con más capacidad de negociación. Su arsenal nuclear es mayor, sus vínculos con Rusia se han fortalecido y mantiene una relación estratégica con China.

Para Kim, una eventual reunión con Trump podría servir para obtener reconocimiento internacional, aliviar presiones económicas, reducir ejercicios militares estadounidenses y consolidar la aceptación de Corea del Norte como potencia nuclear de facto.

¿Diplomacia o búsqueda de una victoria política?

La pregunta central es qué busca realmente Trump.

Una posibilidad es que la Casa Blanca pretenda reabrir una vía diplomática que permita reducir las tensiones en la península coreana. Pero existe otra lectura: el presidente estadounidense podría estar buscando un éxito internacional que contraste con las dificultades de su política hacia Irán.

Las cumbres con Kim durante su primer mandato le permitieron a Trump ocupar el centro de la escena internacional y presentarse como un presidente capaz de dialogar directamente con adversarios considerados inaccesibles para la diplomacia tradicional.

Trump busca en Kim Jong-un una salida al laberinto de Irán

Hoy, con una guerra contra Irán que no ofrece una salida sencilla, aquella experiencia vuelve a adquirir atractivo.

El problema es que las condiciones han cambiado.

Corea del Norte es militarmente más fuerte, Rusia tiene una presencia mucho más activa en Asia y China atraviesa una competencia estratégica cada vez más intensa con Estados Unidos. Además, Corea del Sur y Japón observan con creciente cautela cualquier decisión estadounidense que pueda alterar el equilibrio de seguridad regional.

Un nuevo tablero asiático

La eventual cumbre Trump-Kim no debería analizarse, por lo tanto, como una simple reedición de los encuentros de 2018 y 2019.

El mundo en el que se desarrollaron aquellas reuniones ya no existe. La guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente, el fortalecimiento de la asociación entre Rusia y Corea del Norte, la creciente rivalidad entre Washington y Pekín y la transformación del equilibrio militar en Asia han creado un escenario mucho más complejo.

Si Trump consigue sentarse nuevamente frente a Kim Jong-un, la imagen tendrá indudablemente un enorme impacto político y mediático. Pero la verdadera cuestión será qué hay detrás de la fotografía.

Una nueva cumbre sin avances concretos podría convertirse en otro episodio de diplomacia personal. Una negociación que implique concesiones sustanciales, en cambio, podría modificar la arquitectura de seguridad de Asia-Pacífico.

Washington vuelve a Pyongyang: Trump busca reabrir el diálogo con Kim

Y allí aparece el dilema central para Washington: mientras Trump busca una victoria diplomática, sus movimientos pueden estar abriendo un nuevo capítulo de la competencia estratégica entre Estados Unidos, China y Rusia.

La península coreana vuelve así al centro de la geopolítica mundial. Esta vez, sin embargo, Kim Jong-un ya no llega a la mesa como un dirigente aislado, sino como un actor respaldado por una red de relaciones internacionales mucho más amplia.

Y Trump deberá decidir si quiere negociar con esa nueva realidad o intentar cambiarla.

Trump cambia de tablero: de la guerra con Irán al diálogo con Kim Jong-un