Por Perspectiva Internacional

Jerusalen, 19 de octubre de 2026
A ocho días de las elecciones israelíes, el presidente estadounidense rompe semanas de ambigüedad y expresa su respaldo total al primer ministro. Sin embargo, el apoyo llega cuando el electorado parece tener sus preferencias bastante definidas y la continuidad de Netanyahu permanece en duda. Detrás del gesto electoral se proyecta una disputa geopolítica mucho más profunda: el futuro de la guerra con Irán y el alcance de la influencia de Washington sobre la política israelí.
Un respaldo tardío en una elección decisiva
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió finalmente expresar su apoyo a Benjamín Netanyahu de cara a las elecciones israelíes del próximo 27 de octubre. El pronunciamiento, que el mandatario calificó como un respaldo “total y completo”, llegó después de semanas de declaraciones ambiguas y de una relación bilateral atravesada por diferencias estratégicas.
Para Netanyahu, el gesto representa una oportunidad de recuperar parte de su imagen de liderazgo internacional. Su principal argumento electoral ha sido históricamente la estrecha alianza con Washington, presentada como una garantía de seguridad para Israel en un entorno regional marcado por la inestabilidad y los conflictos.
Trump llega tarde al rescate electoral de Netanyahu
Sin embargo, el momento elegido por Trump reduce el posible impacto electoral. Según los datos citados por la radiotelevisión pública israelí, una proporción considerable de los votantes ya habría definido su decisión. El respaldo estadounidense, por lo tanto, difícilmente modifique por sí solo el escenario político.
La intervención de Trump constituye, además, un hecho excepcional: es la primera vez que un presidente estadounidense expresa públicamente su apoyo a un candidato concreto en unas elecciones israelíes. La decisión rompe con la tradicional cautela de Washington frente a la competencia política interna de uno de sus aliados más importantes.
Irán, el verdadero eje de la alianza
Más allá de las consideraciones electorales, el contenido del mensaje de Trump permite identificar el principal objetivo estratégico de su respaldo: Irán.
El presidente estadounidense vinculó explícitamente la continuidad de Netanyahu con la posibilidad de completar las operaciones contra el régimen iraní. Su advertencia de que Estados Unidos podría verse obligado a actuar por su cuenta si Israel eligiera a otro primer ministro revela hasta qué punto la cuestión iraní se ha convertido en un factor central de la relación bilateral.
Netanyahu, por su parte, prometió que, si resulta reelegido, buscará terminar definitivamente con el régimen de Teherán. Ambos dirigentes comparten una visión de máxima presión sobre Irán, aunque sus prioridades y sus cálculos políticos no necesariamente coinciden.
La guerra con Irán condiciona el futuro político de Israel
La guerra iniciada en febrero y sus resultados inconclusos han dejado expuestas las dificultades de esa estrategia. La expectativa de debilitar decisivamente al Gobierno iraní no se ha traducido en una solución definitiva, mientras Teherán mantiene instrumentos de presión regional y una capacidad de resistencia que complica cualquier intento de imponer un desenlace rápido.
La respuesta del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, fue una advertencia directa: una nueva ofensiva podría terminar fortaleciendo a Irán en lugar de debilitarlo.
En este contexto, el apoyo de Trump a Netanyahu no puede interpretarse únicamente como una intervención electoral. También constituye una señal sobre la orientación que Washington podría adoptar frente a Teherán en los próximos meses.
La paradoja de Trump: un aliado poderoso, pero menos confiable
La relación entre Trump y Netanyahu atraviesa una paradoja. Ambos dirigentes necesitan proyectar una alianza sólida, pero las diferencias surgidas durante la guerra con Irán han debilitado la confianza mutua.
El presidente estadounidense había evitado respaldar abiertamente al primer ministro israelí y llegó a declarar que no confiaba en nadie dentro del mundo de la política. Esa ambigüedad alimentó las dudas sobre la profundidad de su compromiso con Netanyahu y sobre su disposición a asumir nuevos costos militares en Oriente Próximo.
La cuestión no es menor. Mientras Netanyahu busca demostrar que conserva una relación privilegiada con la Casa Blanca, Trump debe considerar también el impacto de una nueva escalada sobre los intereses estadounidenses, la estabilidad regional y su propia agenda política.
Cuanto respaldo tiene la confrontacion con Iran?, en el electorado
La promesa de continuar la confrontación con Irán puede resultar atractiva para determinados sectores israelíes, pero no necesariamente cuenta con el mismo respaldo entre la opinión pública estadounidense. Una guerra prolongada implicaría riesgos militares, económicos y diplomáticos que Washington podría preferir evitar.
Así, la alianza personal entre ambos dirigentes convive con una divergencia potencial entre sus intereses: Netanyahu necesita demostrar que la confrontación con Irán puede garantizar la seguridad de Israel, mientras Trump debe decidir hasta dónde está dispuesto a comprometer el poder estadounidense para sostener esa estrategia.
Eizenkot y la posibilidad de un cambio político
En el plano interno, el principal desafío de Netanyahu es la posibilidad de que una oposición fragmentada consiga articular una alternativa de gobierno.
Gadi Eizenkot
Las encuestas citadas en la información electoral sitúan al partido Yashar, encabezado por Gadi Eizenkot, por delante del Likud de Netanyahu. El primero obtendría alrededor de 23 escaños, frente a los 20 proyectados para el partido del primer ministro.
Sin embargo, el sistema parlamentario israelí hace que la fuerza más votada no tenga garantizada la formación del Gobierno. La distribución de los escaños y la capacidad de construir alianzas resultan determinantes para alcanzar la mayoría necesaria.
Ni la coalición actual, integrada por el Likud y sus aliados ultranacionalistas y ultraortodoxos, ni el bloque opositor parecen contar por sí solos con los apoyos suficientes. En ese escenario, los partidos árabes, que reunirían alrededor de 13 escaños según las proyecciones mencionadas, podrían adquirir relevancia parlamentaria, aunque su participación en una coalición sigue siendo políticamente controvertida.
Eizenkot respondió al respaldo de Trump reivindicando la soberanía democrática de Israel: la elección del primer ministro corresponde a los ciudadanos israelíes, no a los dirigentes extranjeros.
Su posición apunta a una cuestión central de la campaña: si la seguridad nacional debe seguir identificándose con el liderazgo personal de Netanyahu o si es posible construir una alternativa que mantenga la alianza con Estados Unidos sin quedar condicionada por las decisiones de un solo dirigente.
Una sociedad dividida ante la guerra
El respaldo estadounidense también llega en un momento en que la percepción israelí sobre Trump parece haberse deteriorado.
La guerra con Irán ha expuesto diferencias entre las preferencias de parte de la sociedad israelí y la disposición estadounidense a continuar las operaciones militares. Según una medición del Instituto Israelí para la Democracia citada en la información, en julio solo el 28% de los israelíes judíos consideraba que Trump otorgaba una importancia central a la seguridad de Israel, el nivel más bajo desde que se incorporó esa pregunta en noviembre de 2024.
El dato sugiere que la cercanía personal entre los líderes no garantiza automáticamente la confianza de la sociedad israelí en el compromiso estratégico de Washington.
El respaldo de Trump no despeja las dudas sobre el futuro de Netanyahu
Para una parte del electorado, la relación con Estados Unidos constituye un activo indispensable. Para otra, las vacilaciones de Trump pueden generar dudas sobre la capacidad de la alianza para garantizar una protección duradera, especialmente si los intereses estadounidenses comienzan a divergir de los objetivos militares de Netanyahu.
En ese sentido, la elección no solo pone en juego la continuidad de un primer ministro. También plantea interrogantes sobre el modelo de seguridad nacional que Israel adoptará después de una etapa marcada por la guerra, la polarización política y el deterioro de su entorno regional.
La influencia de Washington y los límites de la soberanía electoral
La intervención de Trump plantea, además, un interrogante institucional y diplomático. ¿Hasta qué punto una potencia aliada puede influir en la elección de los dirigentes de otro país sin generar una reacción nacionalista o un rechazo a la injerencia externa?
Netanyahu pretende utilizar el respaldo estadounidense como una prueba de su capacidad para garantizar una relación privilegiada con la principal potencia occidental. Pero esa misma intervención puede alimentar el argumento de sus adversarios: que la política de seguridad israelí corre el riesgo de quedar subordinada a los cálculos personales y electorales de dos dirigentes.
La relación entre ambos países seguirá siendo estratégica cualquiera sea el resultado electoral. Israel depende de la cooperación militar, tecnológica y diplomática estadounidense, mientras Washington considera a Israel un socio fundamental en Oriente Próximo. No obstante, esa interdependencia no elimina las diferencias sobre los objetivos militares, el costo de una guerra prolongada y el futuro de la región.
La verdadera prueba de la alianza no será la fotografía de Trump junto a Netanyahu ni el intercambio de elogios públicos, sino la capacidad de ambos gobiernos para definir objetivos compartidos y evitar que sus decisiones conduzcan a una escalada de consecuencias imprevisibles.
Conclusión: una elección israelí con consecuencias globales
El respaldo tardío de Trump difícilmente pueda resolver por sí solo la incertidumbre electoral israelí. Su importancia radica, sobre todo, en el mensaje geopolítico que transmite: la continuidad de Netanyahu aparece vinculada a la posibilidad de mantener una estrategia de confrontación directa con Irán.
Pero esa apuesta encierra riesgos para ambos dirigentes. Si Netanyahu pierde el poder, Trump deberá relacionarse con un nuevo Gobierno israelí que podría revisar las prioridades militares sin abandonar necesariamente la alianza bilateral. Si el actual primer ministro consigue mantenerse, ambos tendrán que demostrar que pueden transformar sus amenazas y promesas en resultados concretos sin arrastrar a sus países a un conflicto todavía más costoso.
La apuesta de Trump por Netanyahu y el futuro de Oriente Próximo
Para Oriente Próximo, el desenlace es especialmente relevante. Una nueva escalada contra Irán podría alterar los equilibrios regionales, afectar las rutas energéticas y aumentar las tensiones entre las principales potencias. Por el contrario, una revisión de la estrategia militar podría abrir espacio para una negociación, aunque no eliminaría las profundas diferencias entre Teherán, Jerusalén y Washington.
La elección del 27 de octubre será, por lo tanto, mucho más que un referéndum sobre Benjamín Netanyahu. Será también una señal sobre el futuro de la relación entre Israel y Estados Unidos, los límites de la influencia extranjera en la política democrática y la posibilidad de que la seguridad de Oriente Próximo deje de depender de una sucesión de decisiones militares.
Una elección, dos líderes y una guerra que amenaza con cambiar Oriente Próximo
En definitiva, Trump ha elegido respaldar a Netanyahu, pero ese respaldo no garantiza ni su victoria electoral ni el éxito de la estrategia contra Irán. La incógnita fundamental es si la alianza entre ambos dirigentes podrá producir una mayor estabilidad o si, por el contrario, terminará profundizando una confrontación regional cuyo desenlace continúa abierto.



