Por Perspectiva Internacional

Yemen, 15 de setiembre de 2026
La ofensiva de los hutíes en Yemen y el cierre del oleoducto saudí vuelven a poner en jaque una de las principales arterias del comercio mundial. La crisis del Mar Rojo amenaza con transformar nuevamente las rutas del petróleo, encarecer el transporte y aumentar la presión sobre una economía global cada vez más vulnerable a los conflictos geopolíticos.
El Canal de Suez vuelve a quedar atrapado en el centro de una tormenta geopolítica. Después de años de pandemia, interrupciones del comercio, guerras y ataques contra la navegación internacional, la estratégica vía que conecta el Mediterráneo con el Mar Rojo enfrenta ahora una nueva amenaza: el avance militar de los hutíes en Yemen y el incremento del riesgo en el estrecho de Bab el Mandeb.
El Mar Rojo al límite: Suez queda atrapado en la nueva batalla geopolítica de Medio Oriente
La situación adquiere una dimensión todavía mayor porque coincide con el cierre del oleoducto saudí Este-Oeste, una infraestructura fundamental para que Arabia Saudita pueda transportar su petróleo hacia el Mar Rojo evitando las rutas condicionadas por el estrecho de Ormuz.
El resultado es un escenario particularmente delicado: dos de las principales vías alternativas para el transporte energético mundial vuelven a estar sometidas simultáneamente a una creciente presión militar.
Suez, una arteria mundial
El Canal de Suez no es simplemente una infraestructura egipcia. Es uno de los puntos neurálgicos del comercio internacional.
Por sus aguas circula más de una décima parte de las mercancías que se comercializan globalmente. Su importancia radica en que permite conectar rápidamente Asia y Europa sin obligar a los barcos a realizar la extensa circunnavegación del continente africano.
El nuevo tablero de Medio Oriente se juega sobre las rutas del petróleo y el comercio
Cada interrupción en esta ruta genera consecuencias que exceden ampliamente las fronteras de Egipto.
El antecedente más evidente fue el bloqueo provocado por el Ever Given en marzo de 2021. Durante seis días, cientos de buques quedaron detenidos y el episodio produjo uno de los mayores atascos registrados en el transporte marítimo mundial.
Pero la actual crisis es diferente. Esta vez no se trata de un accidente aislado, sino de una disputa militar que puede prolongarse y alterar estructuralmente las rutas comerciales internacionales.
El factor hutí cambia nuevamente el tablero
Los hutíes, respaldados por Irán, han ampliado su presencia en puntos estratégicos del litoral yemení. La toma del puerto de Moca y de la isla de Mayun incrementa su capacidad para ejercer presión sobre el tráfico marítimo que atraviesa Bab el Mandeb.
El estrecho comparable, desde otra perspectiva, con la del estrecho de Ormuz
Mientras Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, Bab el Mandeb constituye la puerta de entrada desde el océano Índico hacia el Mar Rojo y, finalmente, el Canal es uno de los grandes cuellos de botella del comercio mundial.
Controlar o amenazar estos puntos significa disponer de una capacidad extraordinaria para influir sobre el comercio y, especialmente, sobre los mercados energético
Arabia Saudita queda atrapada entre dos frentes
La situación es particularmente compleja para Arabia Saudita.
El cierre del estrecho de Ormuz había obligado a Riad a recurrir con mayor intensidad a rutas alternativas. El oleoducto Este-Oeste permitía trasladar petróleo desde las zonas productoras del este del país hasta Yanbu, en el Mar Rojo, evitando así el paso por Ormuz.
Desde allí, el crudo podía dirigirse hacia los mercados internacionales utilizando el Mar Rojo, Bab el Mandeb o el Canal de Suez.
Los ataques contra instalaciones saudíes obligaron a cerrar preventivamente el oleoducto
De esta manera, la estrategia destinada a reducir la dependencia de Ormuz queda parcialmente comprometida precisamente por la creciente inseguridad en el extremo occidental de la península arábiga.
El problema energético deja así de estar concentrado en un único punto geográfico.
La crisis comienza a extenderse por una cadena de estrechos, puertos, oleoductos y rutas marítimas cuya estabilidad resulta indispensable para mantener funcionando el comercio mundial.
Egipto vuelve a estar en el centro
Para Egipto, las consecuencias pueden ser especialmente graves.
Los ingresos del Canal de Suez constituyen una fuente esencial de divisas para una economía que también depende fuertemente del turismo y de las remesas de sus ciudadanos en el exterior.
El mundo vuelve a mirar a Suez: las rutas del comercio mundial bajo presión
Por eso, una caída del tráfico marítimo representa mucho más que un problema logístico: puede transformarse rápidamente en un problema macroeconómico.
El país había comenzado a recuperar parte del terreno perdido durante los años de crisis.
Entre junio de 2025 y junio de 2026, el número de buques que atravesaron Suez aumentó un 10%, el tonelaje transportado creció un 22% y los ingresos del canal alcanzaron los 4.600 millones de dólares, con un incremento del 23%.
Sin embargo, esos ingresos todavía representaban menos de la mitad de los niveles anteriores a la guerra de Gaza.
La recuperación, por lo tanto, era todavía frágil.
Las navieras vuelven a mirar hacia África
El aumento del riesgo está provocando nuevamente una reacción conocida: las grandes empresas navieras comienzan a evaluar la posibilidad de evitar el Mar Rojo.
El regreso a la ruta que rodea África implica miles de kilómetros adicionales, mayor consumo de combustible, más tiempo de navegación y mayores costos logísticos.
A comienzos de julio, Maersk y Hapag-Lloyd habían anunciado el regreso de uno de sus servicios entre Asia y Europa a través del Canal de Suez, después de considerar que las condiciones de seguridad habían mejorado.
La nueva escalada amenaza ahora con revertir esa decisión
Esto demuestra hasta qué punto la navegación comercial se ha convertido en una variable directamente dependiente de la evolución militar de los conflictos de Medio Oriente.
Una nueva geografía de la energía
Quizás la consecuencia más importante de esta crisis sea que comienza a modificar la geografía tradicional de la energía.
Durante décadas, el sistema petrolero mundial estuvo estructurado alrededor de grandes productores, consumidores y rutas relativamente previsibles.
Hoy esa arquitectura se encuentra sometida a una presión creciente.
Cuando las rutas del petróleo se convierten en campos de batalla
Ormuz, Bab el Mandeb, Suez y los oleoductos que conectan los centros de producción con los puertos de exportación forman una verdadera cadena estratégica de puntos de estrangulamiento.
Cuando uno de ellos queda bloqueado, los actores económicos buscan alternativas. Pero cuando varios son afectados simultáneamente, las posibilidades de sustitución se reducen drásticamente.
Es allí donde el problema deja de ser regional y comienza a adquirir una dimensión global.
El delicado equilibrio de El Cairo
Egipto intenta, mientras tanto, evitar quedar atrapado en una nueva lógica de bloques.
El Cairo mantiene canales de comunicación con diferentes actores regionales y ha procurado preservar una posición diplomática relativamente flexible. Incluso rechazó recientemente incorporarse a un pacto de defensa promovido por Arabia Saudita, Turquía y Pakistán.
Esa política puede resultar cada vez más difícil de sostener
Egipto necesita preservar sus relaciones con Arabia Saudita y con las potencias occidentales, pero al mismo tiempo tiene fuertes incentivos para evitar una confrontación directa con los hutíes o una alineación excesiva con alguno de los bloques que disputan influencia en Medio Oriente.
El Canal de Suez convierte a Egipto en un actor estratégico, pero también en uno particularmente vulnerable.
El verdadero riesgo: una crisis de larga duración
El principal interrogante no es solamente cuánto tiempo permanecerá afectado el tráfico marítimo.
La cuestión más importante es si el mundo está ingresando en una etapa en la que las grandes rutas comerciales internacionales deberán ser diseñadas permanentemente teniendo en cuenta escenarios de conflicto.
La pandemia ya había demostrado la fragilidad de las cadenas globales de suministro. La guerra de Ucrania modificó los mercados energéticos europeos. La guerra de Gaza alteró la navegación en el Mar Rojo. El cierre de Ormuz agregó una nueva dimensión a la crisis energética.
El peligroso estrangulamiento de las rutas energéticas mundiales
Ahora, la expansión del conflicto hacia Bab el Mandeb y la presión sobre las infraestructuras saudíes pueden terminar de consolidar una tendencia: el comercio mundial ya no puede separar logística y geopolítica.
Un problema que excede al Medio Oriente
La amenaza sobre Suez tiene consecuencias potenciales para Europa, Asia y África.
Europa puede enfrentar mayores costos de transporte y energía. Asia puede sufrir interrupciones en sus rutas de exportación hacia los mercados europeos. África puede convertirse nuevamente en una ruta alternativa para el comercio marítimo, pero pagando el precio de mayores distancias y costos.
Y para los mercados petroleros, cada nuevo riesgo sobre una ruta estratégica puede traducirse en mayores primas de riesgo y volatilidad.
El Canal de Suez, en definitiva, vuelve a ser mucho más que un canal.
Es un termómetro de la estabilidad del sistema internacional
Mientras continúe la militarización del Mar Rojo y los grandes corredores energéticos permanezcan sometidos a amenazas, la economía mundial seguirá navegando sobre un mapa cada vez más fragmentado e imprevisible.
La gran pregunta es si esta nueva crisis será otro episodio pasajero o el comienzo de una transformación permanente de las rutas por las que circulan el petróleo, las mercancías y, en última instancia, el poder económico mundial.



