Por Perspectiva Internacional

Tel Aviv, 11 de setiembre de 2026
Las elecciones del 27 de octubre pueden poner fin a la larga era Netanyahu, pero el escenario sigue abierto
Israel se encamina a las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2026 en un clima político marcado por la incertidumbre. Después de años de dominio de Benjamin Netanyahu, el primer ministro enfrenta una contienda en la que, por primera vez en mucho tiempo, la continuidad de su liderazgo aparece seriamente cuestionada.
Las urnas frente a la guerra: Israel decide entre continuidad y cambio
La elección no sólo definirá los 120 escaños de la Knéset. También puede determinar el rumbo que tomará Israel frente a Gaza, Irán, los palestinos, Estados Unidos y el conjunto de Medio Oriente.
Y, sobre todo, puede convertirse en un plebiscito sobre la era Netanyahu.
Una elección que llega después de una guerra
El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 modificó profundamente la política israelí. La guerra posterior, sus enormes costos humanos y militares y la prolongada crisis de los rehenes transformaron el debate político interno.
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Netanyahu ha intentado convertir su gestión en una demostración de liderazgo en materia de seguridad. Su argumento es que Israel enfrenta amenazas existenciales y que su experiencia resulta indispensable para hacerles frente.
Pero la oposición sostiene una tesis muy diferente: el gobierno debe asumir responsabilidades por las fallas que hicieron posible el ataque del 7 de octubre y por la conducción posterior de la guerra.
La exigencia de una investigación independiente sobre lo ocurrido se ha convertido, de hecho, en uno de los principales ejes de la campaña.
Así, la pregunta que atraviesa la sociedad israelí es inevitable: ¿debe continuar Netanyahu al frente del país o es necesario abrir una nueva etapa política?
El ascenso de Gadi Eisenkot
La principal novedad electoral es la consolidación de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Eisenkot representa una combinación políticamente particular: es un dirigente con una fuerte trayectoria militar y de seguridad, pero al mismo tiempo se presenta como una alternativa al modelo político de Netanyahu.
Su figura permite captar un electorado que no necesariamente se identifica con la izquierda israelí, pero que considera que el país necesita un cambio de conducción.
Su experiencia militar adquiere además un peso simbólico particular después del 7 de octubre y de la guerra de Gaza.
El ascenso de Eisenkot constituye uno de los mayores desafíos que Netanyahu ha enfrentado en una elección nacional.
El problema de Netanyahu: ganar no alcanza
La particularidad del sistema político israelí hace que la elección de octubre no pueda analizarse simplemente en términos de quién será el partido más votado.
La Knéset tiene 120 miembros y se necesita una mayoría de 61 diputados para formar gobierno.
Esto significa que Netanyahu podría incluso conservar el primer lugar y, sin embargo, no conseguir los apoyos suficientes para continuar como primer ministro.
Los sondeos muestran precisamente esta dificultad
El bloque favorable a Netanyahu continúa contando con el Likud, los partidos ultraortodoxos y las formaciones nacionalistas y religiosas de derecha. Pero la fragmentación de ese espacio puede terminar perjudicándolo.
Una formación que no supere el umbral electoral del 3,25% puede dejar a la derecha sin algunos de los escaños necesarios para alcanzar la mayoría.
La aritmética electoral puede ser, por lo tanto, tan importante como el resultado del Likud.
Dos bloques y ninguna mayoría clara
El panorama que muestran las encuestas es de enorme incertidumbre.
El campo favorable a Netanyahu se mueve aproximadamente en la franja de los 52-54 escaños, mientras que las fuerzas opositoras pueden alcanzar una cifra similar. Los partidos árabes podrían obtener alrededor de una decena de representantes.
Ninguno de los dos grandes bloques tiene, por ahora, una mayoría asegurada
Esto abre una posibilidad particularmente interesante: que las elecciones produzcan un Parlamento nuevamente fragmentado y que la verdadera batalla política comience después del cierre de las urnas.
En Israel, formar gobierno puede ser más difícil que ganar una elección.
El dilema de la oposición
La oposición enfrenta también un problema.
Tiene posibilidades concretas de desplazar a Netanyahu, pero debe conseguir transformar su ventaja electoral potencial en una coalición parlamentaria.
Eisenkot podría convertirse en el eje de una nueva mayoría junto con sectores vinculados a Naftali Bennett y Yair Lapid, Avigdor Lieberman y otras fuerzas opositoras.
Pero esa coalición reuniría sectores ideológicamente muy diferentes
Su único punto de coincidencia podría ser, inicialmente, la necesidad de terminar con la era Netanyahu.
La pregunta sería entonces qué sucedería después.
Porque reemplazar a Netanyahu es una cosa; construir una nueva mayoría política capaz de gobernar Israel es otra muy distinta.
Los ultraortodoxos, una pieza decisiva
Uno de los temas que puede definir las negociaciones posteriores a las elecciones es el servicio militar de los ciudadanos ultraortodoxos.
Durante años, los partidos religiosos han defendido las exenciones para determinados estudiantes de instituciones religiosas.
Pero la guerra modificó profundamente la percepción social sobre esta cuestión.
El debate por el Servicio militar
Los reservistas y sectores seculares sostienen que, después de tantos meses de movilización militar, la carga no puede continuar recayendo de manera desproporcionada sobre determinados sectores de la sociedad.
El enfrentamiento en torno al servicio militar ha generado tensiones dentro de la propia coalición de Netanyahu y puede convertirse en uno de los factores que determinen la futura formación del gobierno.
Tres escenarios después del 27 de octubre
A grandes rasgos, pueden imaginarse tres escenarios.
1. Netanyahu sobrevive
El Likud consigue mantener una posición sólida y sus aliados —religiosos, nacionalistas y de derecha— alcanzan conjuntamente los 61 diputados.
En este caso, la política israelí mantendría una línea de continuidad.
2. La oposición consigue formar gobierno
Eisenkot emerge como uno de los principales vencedores y consigue articular una coalición con las distintas fuerzas opositoras.
Sería el escenario de mayor ruptura con la era Netanyahu y podría abrir una nueva etapa en la política israelí.
3. Nuevo bloqueo político
Ninguno de los dos grandes bloques alcanza los 61 escaños.
Los partidos pequeños y, eventualmente, las formaciones árabes adquieren entonces una importancia decisiva.
Israel podría entrar nuevamente en un período de negociaciones prolongadas y, en el peor de los casos, quedar atrapado en un nuevo bloqueo político.
Mucho más que una elección israelí
El resultado tendrá consecuencias que excederán ampliamente las fronteras de Israel.
Una eventual salida de Netanyahu podría modificar la estrategia frente a Gaza y la cuestión palestina, aunque sería exagerado suponer que un cambio de gobierno implicaría automáticamente una transformación radical de la política de seguridad israelí.
También habrá consecuencias sobre la relación con Estados Unidos, especialmente en un contexto en el que Washington continúa siendo el principal aliado estratégico de Israel.
La relación con los países árabes será otro elemento fundamental.
Arabia Saudita y otras monarquías del Golfo observan con atención la evolución de la política israelí. Una nueva conducción podría abrir espacios para iniciativas diplomáticas regionales, aunque cualquier avance dependerá también de la evolución de la cuestión palestina.
Y el factor más sensible seguirá siendo Irán
La política israelí hacia Teherán constituye uno de los elementos centrales de la seguridad regional. Un cambio de gobierno no necesariamente implicaría abandonar la política de disuasión, pero podría modificar sus instrumentos, prioridades y relación con Washington.
El verdadero interrogante
La elección del 27 de octubre plantea, en definitiva, una pregunta mucho más profunda que quién ocupará la oficina del primer ministro.
El Israel que viene: una elección entre la continuidad y el cambio
Israel debe decidir si continúa con el modelo político construido alrededor de Netanyahu o si comienza una nueva etapa.
El desafío para quienes buscan desplazarlo será demostrar que existe una alternativa capaz no sólo de derrotarlo electoralmente, sino también de gobernar un país profundamente polarizado y todavía marcado por las consecuencias del 7 de octubre.
Para Netanyahu, la batalla será igualmente decisiva
Después de años como figura dominante de la política israelí, el primer ministro se enfrenta a una elección en la que su principal adversario ya no es solamente la oposición: es el desgaste de su propio ciclo político.
Las urnas dirán si Israel está preparado para abrir una nueva página.
Israel vota y Medio Oriente espera: las elecciones que pueden cambiar el tablero regional
Pero una cosa parece clara: el 27 de octubre no será simplemente una elección de gobierno. Será una elección sobre el Israel que emergerá de la era de las guerras iniciadas en 2023.



