
Por perspectiva internacional
America latina,8 de setiembre de 2026
América Latina sigue lejos de los estándares de la OCDE, mientras Argentina y México registran retrocesos históricos. Estados Unidos también enfrenta una señal de alarma con su peor resultado en lectura desde el inicio de las pruebas.
La nueva edición de las pruebas PISA vuelve a colocar a la educación en el centro de una discusión que excede ampliamente las aulas. Los resultados de 2025 muestran que América Latina continúa atrapada en una situación de rezago frente a los países de la OCDE, mientras algunos de sus principales sistemas educativos experimentan retrocesos significativos.
La educación latinoamericana pierde terreno frente al mundo desarrollado
El dato más preocupante no es solamente la posición que ocupan los países latinoamericanos en el ranking internacional. Es la dificultad para transformar la expansión de la escolarización en mejores aprendizajes y, sobre todo, para evitar que el origen socioeconómico determine cada vez más el futuro educativo de los jóvenes.
Argentina y México los casos más preocupantes
Argentina y México aparecen entre los casos más preocupantes. Brasil, Colombia y Costa Rica muestran diferentes grados de estancamiento, mientras Chile, tradicionalmente uno de los sistemas educativos mejor posicionados de la región, también evidencia retrocesos.
Los paises asiáticos en el extremo opuesto
En el extremo opuesto del tablero internacional vuelven a aparecer las economías asiáticas. China, Singapur, Macao, Taiwán, Japón y Corea del Sur mantienen resultados extraordinariamente superiores a los latinoamericanos, confirmando que la educación continúa siendo uno de los principales factores de poder económico y estratégico en el siglo XXI.
Argentina: una caída que ya no puede explicarse solamente por la herencia
El caso argentino merece una consideración especial.
El país obtuvo 367 puntos en matemáticas, frente a 378 en 2022 y 379 en 2018. Se trata de su peor resultado desde que comenzó a participar en PISA. Apenas el 24% de los estudiantes alcanzó el nivel básico de competencia matemática, frente al 65% registrado como promedio de la OCDE.
La situación tampoco es alentadora en las otras áreas. Argentina obtuvo 389 puntos en lectura y 393 en ciencias, con retrocesos respecto de la medición anterior.
El desafío de recuperar la educación como motor de movilidad social
Pero detrás de los números aparece una cuestión política mucho más profunda: la creciente desigualdad educativa.
Un sistema educativo puede obtener resultados modestos y, al mismo tiempo, estar avanzando en términos de inclusión. El problema aparece cuando la expansión de las oportunidades educativas no está acompañada por una mejora de los aprendizajes y cuando las diferencias entre estudiantes de distintos sectores sociales se amplían.
La Argentina enfrenta precisamente ese desafío
La discusión sobre la educación pública ha quedado atrapada en los últimos años dentro de la polarización política. El Gobierno de Javier Milei sostiene una visión crítica sobre el funcionamiento del Estado y ha impulsado una reducción del gasto público, mientras sindicatos, universidades y sectores opositores denuncian el deterioro del financiamiento educativo.
Los resultados de PISA deberían obligar a salir de esa discusión binaria
La pregunta estratégica no debería ser simplemente cuánto Estado o cuánto mercado necesita la educación argentina. La cuestión fundamental es qué sistema educativo necesita el país para recuperar movilidad social, productividad y capacidad científica y tecnológica.
Porque la educación no constituye únicamente una política social. Es también una política de desarrollo nacional.
México: la matemática como síntoma de un problema estructural
México obtuvo 388 puntos en matemáticas, siete menos que en 2022 y el resultado más bajo desde 2006.
Solo tres de cada diez estudiantes alcanzan las competencias básicas en esta disciplina, muy lejos del promedio de la OCDE.
También cayó el rendimiento en lectura, con 408 puntos, mientras que ciencias constituye la excepción relativa: alcanzó 414 puntos, cuatro más que en la edición anterior.
El problema mexicano tiene una dimensión particularmente relevante porque se trata de una de las mayores economías de América Latina y de un país profundamente integrado a las cadenas industriales de América del Norte.
México aspira a beneficiarse de la relocalización de empresas y del denominado nearshoring. Sin embargo, esa oportunidad económica requiere trabajadores capaces de desempeñarse en industrias cada vez más sofisticadas.
La distancia entre esa aspiración productiva y los resultados educativos constituye, por lo tanto, una señal de advertencia.
Un país puede atraer inversiones mediante salarios competitivos y proximidad geográfica. Pero para avanzar hacia actividades de mayor valor agregado necesita capital humano.
Chile: cuando el liderazgo regional comienza a erosionarse
Chile continúa siendo uno de los países latinoamericanos con mejores resultados, pero los datos muestran una tendencia que merece atención.
El país registró retrocesos en matemáticas y lectura, mientras que ciencias permaneció relativamente estable.
En matemáticas, solo el 41% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia, frente al 65% del promedio de la OCDE.
Sin embargo, Chile presenta un dato positivo: la brecha de rendimiento en ciencias entre los estudiantes de mayores y menores recursos se redujo durante la última década.
Esto revela una cuestión importante.
Un descenso del promedio nacional no necesariamente significa que todo el sistema esté empeorando de la misma manera.
La composición social de quienes acceden a la educación secundaria también influye en los resultados. Cuando un sistema incorpora a jóvenes provenientes de sectores históricamente excluidos, los promedios pueden deteriorarse inicialmente sin que ello signifique necesariamente un empeoramiento absoluto de la educación.
La verdadera pregunta es si esa inclusión termina acompañada por una mejora sostenida de los aprendizajes.
Uruguay conserva el liderazgo latinoamericano
Dentro de América Latina, Uruguay aparece nuevamente como uno de los países mejor posicionados.
Con 405 puntos en matemáticas, 423 en lectura y 445 en ciencias, se ubica por encima de sus vecinos regionales.
Chile también mantiene una posición destacada, mientras Costa Rica, Colombia, Brasil y México conforman un segundo escalón.
La comparación resulta interesante porque demuestra que América Latina no constituye un bloque homogéneo.
Ninguno alcanza los niveles de la OCDE
Existen diferencias importantes entre países, pero también un denominador común: ninguno alcanza los niveles promedio de la OCDE en las tres áreas principales.
Esto significa que el problema regional no puede reducirse a la gestión de un determinado gobierno. Es una cuestión estructural que atraviesa modelos políticos y económicos diferentes.
Brasil y Colombia
Brasil presenta una situación de estancamiento particularmente significativa.
Sus resultados de 2025 son prácticamente similares a los de 2022 y la propia evaluación señala que esa estabilidad se prolonga desde hace más de una década.
Brasil obtuvo 409 puntos en ciencias, 377 en matemáticas y 408 en lectura.
Colombia, por su parte, registra un deterioro más moderado. Su resultado en lectura cayó de 409 a 399 puntos, mientras matemáticas pasó de 383 a 381 y ciencias mejoró ligeramente hasta 414.
La OCDE introduce, además, un elemento relevante para interpretar los datos colombianos: el país ha ampliado la cobertura de la educación secundaria, incorporando a estudiantes de sectores históricamente marginados.
Esto demuestra nuevamente que los rankings requieren una lectura política y social.
No es lo mismo retroceder porque los estudiantes aprenden menos que retroceder estadísticamente porque más jóvenes provenientes de sectores vulnerables ingresan al sistema educativo.
Costa Rica: el límite de la expansión sin recursos
Costa Rica constituye otro caso revelador.
Durante décadas, el país construyó parte de su identidad nacional alrededor de la educación pública. La abolición del Ejército en 1948 permitió destinar recursos a otras áreas del Estado, y la educación se convirtió en uno de los pilares de su modelo de desarrollo.
Pero los resultados de PISA muestran signos de agotamiento.
Costa Rica obtuvo 387 puntos en matemáticas y 416 en lectura, prácticamente sin cambios respecto de 2022. En ciencias logró una mejora moderada, alcanzando 424 puntos.
El problema aparece cuando se observa el contexto: una proporción muy elevada de estudiantes concurre a establecimientos que enfrentan carencias de materiales educativos, infraestructura y personal.
La lección es clara,
ampliar la cobertura educativa es necesario, pero no suficiente.
La educación requiere docentes capacitados, infraestructura, tecnología, contenidos adecuados y políticas de largo plazo.
Estados Unidos: una alarma en el corazón del mundo desarrollado
La crisis educativa tampoco es exclusivamente latinoamericana.
Estados Unidos obtuvo 490 puntos en lectura, su peor resultado desde que comenzó a participar en PISA en el año 2000.
La caída respecto de 2022 fue de 14 puntos. Además, aumentó significativamente la proporción de estudiantes con bajo rendimiento en lectura y matemáticas durante la última década.
El dato resulta especialmente significativo porque Estados Unidos continúa por encima del promedio de la OCDE en las tres áreas principales.
Es decir, Washington no enfrenta un problema de posición internacional comparable al latinoamericano, sino otro tipo de desafío:
el deterioro de sus capacidades educativas en un contexto de creciente competencia tecnológica y geopolítica.
En un mundo donde la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y la economía digital están redefiniendo el poder económico, la calidad de la formación escolar se convierte en una variable estratégica.
La propia OCDE, además, advierte que los datos estadounidenses de esta edición deben interpretarse con cautela debido a problemas relacionados con la participación y la calidad de la muestra.
Asia confirma su ventaja estratégica
Mientras Occidente y América Latina discuten sus dificultades, los resultados asiáticos vuelven a llamar la atención.
China
Considerando las regiones de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang— alcanzó 612 puntos en matemáticas y 597 en ciencias.
Singapur
obtuvo 563 en matemáticas y 560 en ciencias.
Japón, Corea del Sur, Taiwán y Macao también aparecen en los primeros lugares.
La diferencia no es simplemente educativa. Es geopolítica.
Los países que consiguen formar grandes cantidades de jóvenes con competencias sólidas en matemáticas, ciencias y lectura están construyendo simultáneamente mejores condiciones para desarrollar tecnología, industria, innovación y defensa.
Por eso PISA debería ser leído también como un indicador indirecto de competitividad internacional.
Una crisis que excede a los gobiernos
Los resultados de PISA 2025 dejan una conclusión incómoda para América Latina: la región continúa teniendo dificultades para transformar educación en desarrollo.
Los jóvenes no alcanzan competencias básicas suficientes
Argentina, México, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica y otros países presentan problemas diferentes, pero comparten una dificultad estructural: los sistemas educativos no están logrando garantizar que la mayoría de los jóvenes alcance competencias básicas suficientes.
Y esto ocurre en una región donde la desigualdad social sigue siendo elevada.
La educación debería ser precisamente uno de los mecanismos fundamentales para romper esa reproducción de desigualdades.
Cuando un adolescente no comprende adecuadamente un texto, tiene dificultades para resolver un problema matemático o carece de competencias científicas básicas, su inserción futura en el mercado laboral se vuelve más vulnerable.
Y cuando esas carencias se concentran en los sectores de menores ingresos, la educación deja de funcionar como mecanismo de movilidad social.
La verdadera batalla del siglo XXI
Durante buena parte del siglo XX, América Latina discutió cómo industrializarse, cómo distribuir la riqueza y cómo reducir la pobreza.
En el siglo XXI, esas discusiones continúan, pero aparece una nueva variable decisiva: la capacidad de producir conocimiento.
Un problema de soberania y poder internacional
Los países que dominen la inteligencia artificial, la tecnología digital, la biotecnología, las nuevas energías y las industrias avanzadas necesitarán millones de trabajadores con sólidas competencias científicas y matemáticas.
Por eso el deterioro educativo no es solamente un problema de escuelas.
Es un problema económico.
Es un problema social.
Y, cada vez más, es un problema de soberanía y poder internacional.
América Latina corre el riesgo de quedar atrapada en una nueva división internacional del trabajo: producir materias primas, energía y alimentos mientras importa tecnología y conocimiento.
Una señal de alarma
Los resultados de PISA 2025 deberían funcionar como una señal de alarma.
No se trata de perseguir posiciones en un ranking. Se trata de decidir qué lugar quiere ocupar la región en el mundo que viene.
La educación será uno de los principales campos de batalla de esa competencia.
La nueva geopolítica del conocimiento: Asia avanza, América Latina retrocede
Y, por ahora, los números muestran que América Latina está perdiendo terreno.



