
Por Perspectiva Internacional – 5 de agosto de 2025
El expresidente brasileño desafía a la justicia desde su casa en Brasilia, mientras Trump responde con aranceles y sanciones
El intento de Donald Trump por blindar a Jair Bolsonaro de sus crecientes problemas judiciales en Brasil ha fracasado. A pesar de la presión sin precedentes ejercida desde Washington, el Supremo Tribunal Federal brasileño ordenó la prisión domiciliaria del expresidente ultraderechista, acusado de conspirar contra la democracia en su país. Bolsonaro se encuentra recluido en su residencia de Brasilia, incomunicado salvo con sus abogados y familiares directos, por haber violado una orden judicial que le prohibía utilizar redes sociales.
“La justicia es igual para todos. No permitirá que un procesado se burle creyendo que quedará impune por tener poder político y económico”
El juez Alexandre de Moraes, blanco de sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense, firmó la orden con un mensaje inequívoco: “La justicia es igual para todos. No permitirá que un procesado se burle creyendo que quedará impune por tener poder político y económico”. Moraes acusó al exmandatario de haber instigado ataques al Supremo mediante una videollamada difundida por uno de sus hijos durante una movilización de simpatizantes, apenas días después de la entrada en vigor del mayor arancel comercial impuesto por Estados Unidos en su historia reciente: un 50% sobre las exportaciones brasileñas.
El Departamento de Estado denunció que se está “silenciando a la oposición y amenazando a la democracia brasileña”
El gesto fue interpretado en Brasil como una maniobra de Trump para intimidar a las instituciones democráticas del país y proteger a su principal aliado regional. El expresidente estadounidense incluso impuso sanciones personales al juez Moraes, acusándolo de liderar una “caza de brujas” contra Bolsonaro, mientras el Departamento de Estado denunció que se está “silenciando a la oposición y amenazando a la democracia brasileña”.
Un conflicto multilateral
La reacción de Washington ha tensado las relaciones entre las dos mayores democracias del continente. El presidente Lula da Silva, aunque ha reafirmado su compromiso con la independencia del poder judicial, no ha logrado capitalizar políticamente el respaldo institucional. Mientras tanto, Bolsonaro sigue siendo el referente de una derecha radical que aún moviliza multitudes, aunque algunos de sus antiguos aliados comienzan a tomar distancia.
El trasfondo comercial es inquietante, el daño simbólico ya está hecho
El trasfondo comercial es igualmente inquietante: Estados Unidos mantiene un amplio superávit con Brasil —más de 400.000 millones de dólares en los últimos 15 años—, lo que refuerza la percepción de que los aranceles no responden a criterios económicos sino políticos. Trump ha ofrecido diálogo con Lula, pero sólo después de haber firmado las sanciones. Brasil logró negociar exenciones para cerca de la mitad de sus productos exportables, pero el daño simbólico ya está hecho.
Un proceso con implicaciones continentales
El juicio contra Bolsonaro por el intento de golpe de Estado en 2023 ha entrado en su recta final. La fiscalía lo acusa de haber orquestado una conspiración junto a altos mandos militares para impedir que Lula asumiera el poder tras su victoria electoral. El plan incluía, según la acusación, el asesinato del presidente electo y del juez Moraes. Bolsonaro, que ya está inhabilitado políticamente hasta 2030, se enfrenta ahora a una posible condena de hasta 43 años de prisión.
Lo que está en juego es la relación entre el poder político, la justicia y el respeto al orden constitucional
Este choque entre Trump, que ha regresado a la Casa Blanca con un enfoque confrontativo hacia América Latina, y el Supremo brasileño, una de las instituciones más activas en la defensa de la legalidad democrática en la región, marca un nuevo capítulo en la disputa geopolítica por el rumbo del continente. Lo que está en juego no es solo el destino de un expresidente, sino la relación entre el poder político, la justicia y el respeto al orden constitucional.
Termometro frente a liderazgos que desprecian las normas democraticas
El caso Bolsonaro se convierte así en un termómetro de la resistencia institucional frente al ascenso global de liderazgos que desprecian las normas democráticas. Y Brasil, otra vez, se vuelve espejo de los dilemas que enfrenta América Latina en tiempos de polarización y presiones externas.



