Perspectiva Internacional

Rusia, China e India cierran filas con Irán y dejan en evidencia las nuevas fracturas del orden mundial

Por Perspectiva Internacional

Kirguistan, 1 de setiembre de 2026

La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái mostró un dato político de enorme importancia: las principales potencias euroasiáticas respaldan la soberanía iraní, cuestionan el accionar militar de Estados Unidos y reclaman un orden internacional menos condicionado por las potencias occidentales. Pero el silencio sobre Ucrania también revela los límites y las contradicciones de esta alianza.

La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en Biskek, Kirguistán, dejó una imagen que difícilmente pueda pasar inadvertida: Rusia, China e India coincidieron en respaldar la soberanía de Irán y condenar los ataques estadounidenses contra territorio iraní, mientras evitaron incluir en su declaración final cualquier referencia a la guerra de Ucrania.

La decisión tiene un fuerte contenido geopolítico. No se trata solamente de una declaración diplomática sobre el conflicto de Oriente Medio. El encuentro refleja la creciente voluntad de las principales potencias euroasiáticas de cuestionar la arquitectura internacional dominada por Estados Unidos y sus aliados.

Las potencias de Eurasia frente a Estados Unidos: una nueva batalla por el orden mundial

El comunicado final de la cumbre denuncia los ataques contra Irán, considera que violan los principios del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas y reclama una paz internacional sostenible. Sin embargo, el documento omite completamente la guerra de Ucrania.

La omisión resulta particularmente significativa porque Rusia es precisamente el país que inició la invasión de Ucrania en 2022. La contradicción expone una de las principales características del actual escenario internacional: el derecho internacional es reivindicado por las distintas potencias, pero su interpretación cambia según los intereses estratégicos de cada una.

Irán, el nuevo punto de convergencia

La guerra entre Estados Unidos e Irán parece estar acelerando una convergencia que ya venía desarrollándose entre Moscú, Beijing y Teherán.

En Biskek, el presidente iraní, Masud Pezeshkián, dejó abierta incluso una posibilidad de negociación con Washington. Afirmó que Irán estaría dispuesto a responder recíprocamente si Estados Unidos cumple los compromisos asumidos en el acuerdo provisional firmado en junio. Sus declaraciones se produjeron después de la reanudación de los ataques entre ambos países.

El mensaje es relevante porque introduce una posibilidad diplomática en un conflicto que amenaza con extenderse y adquirir dimensiones regionales mucho mayores.

Del mundo unipolar al mundo multipolar: la señal que llega desde Biskek

Para Rusia y China, además, Irán ocupa una posición estratégica excepcional. Controla una de las zonas más sensibles del sistema energético mundial y se encuentra junto al estrecho de Ormuz, por donde circula una parte fundamental del comercio internacional de hidrocarburos.

Por eso, cualquier escalada militar en la región no afecta únicamente a Washington y Teherán. Tiene consecuencias directas sobre los precios de la energía, las rutas comerciales, la inflación mundial y la seguridad de Europa y Asia.

China: diplomacia sin confrontación directa

Beijing parece estar jugando una partida particularmente cuidadosa.

Xi Jinping llamó a fortalecer la coordinación para encontrar soluciones políticas a los conflictos de Ucrania, Oriente Medio y Afganistán. Sin embargo, China evitó convertir la cumbre en una confrontación directa con Estados Unidos.

La estrategia china consiste, en buena medida, en ampliar su influencia sin asumir los costos de una confrontación militar directa.

China necesita estabilidad para sostener su crecimiento económico y sus rutas comerciales. Al mismo tiempo, considera que el debilitamiento de la influencia estadounidense en Oriente Medio y Eurasia puede favorecer la construcción de un sistema internacional más multipolar.

Irán, el nuevo frente de la disputa entre Washington y las potencias euroasiáticas

Irán ocupa, en ese esquema, un lugar particularmente importante. Es un socio energético, un actor estratégico en Oriente Medio y un puente entre China, Asia Central y Europa.

La defensa de la soberanía iraní es, por lo tanto, también una defensa de los principios que Beijing pretende utilizar para cuestionar futuras intervenciones militares occidentales.

India: el difícil equilibrio entre Washington y Moscú

La posición de India es todavía más compleja.

El primer ministro Narendra Modi sostuvo en Biskek que la humanidad necesita poner fin a las guerras. Pero, simultáneamente, India continúa manteniendo una estrecha relación energética con Rusia y se ha convertido en uno de los principales compradores de petróleo ruso.

Nueva Delhi intenta así mantener una política exterior autónoma: profundiza sus vínculos con Estados Unidos y Occidente en materia tecnológica, económica y estratégica, pero conserva una relación histórica con Moscú y mantiene fuertes intereses económicos en Eurasia.

Biskek muestra un mundo cada vez más dividido

India no parece dispuesta a elegir definitivamente entre Washington y Moscú.

Esa autonomía estratégica constituye uno de los elementos más importantes de la transformación del sistema internacional. El mundo que está emergiendo no necesariamente se divide en dos bloques rígidos, como ocurrió durante la Guerra Fría. Es, más bien, un sistema de alianzas flexibles, intereses cruzados y acuerdos variables.

Rusia busca convertir la crisis en oportunidad

Para Vladimir Putin, la cumbre representó una oportunidad para profundizar la cooperación con China, India e Irán y, al mismo tiempo, buscar mecanismos para reducir el impacto de las sanciones occidentales.

El presidente ruso pidió avanzar hacia sistemas financieros menos dependientes de los países occidentales y reclamó que el banco de desarrollo de la OCS tenga mayor independencia respecto de las estructuras financieras utilizadas por Occidente.

Se propone construir nuevos circuitos comerciales, financieros y tecnológicos

La propuesta forma parte de una estrategia rusa más amplia: construir circuitos comerciales, financieros y tecnológicos capaces de funcionar al margen de las instituciones dominadas por Estados Unidos y sus aliados.

La guerra de Ucrania aceleró este proceso. Las sanciones occidentales obligaron a Moscú a profundizar sus relaciones económicas con China, India, Irán y otros países del llamado Sur Global.

Pero existe una paradoja evidente. Rusia busca presentarse como defensora de la soberanía estatal y del derecho internacional mientras continúa enfrentada con Ucrania por una guerra que Naciones Unidas y buena parte de la comunidad internacional consideran una violación de esos mismos principios.

El espacio también se convierte en escenario de competencia

La preocupación expresada por Rusia, China e India sobre la militarización del espacio constituye otro elemento que merece atención.

Las tres potencias reclamaron mantener el espacio ultraterrestre libre de armas y defendieron el cumplimiento de los tratados internacionales existentes. La preocupación aparece en un momento en que Estados Unidos avanza con nuevos sistemas de defensa estratégica de enorme sofisticación.

El espacio nueva dimensión de la competencia estratégica

La competencia militar ya no se limita a los territorios nacionales, los mares o el espacio aéreo. La tecnología satelital, los sistemas de alerta temprana, los misiles hipersónicos y las capacidades de defensa antimisiles están convirtiendo el espacio en una nueva dimensión de la competencia estratégica.

El mensaje de Biskek es claro: las grandes potencias euroasiáticas no quieren que las nuevas reglas de ese escenario sean definidas exclusivamente por Washington.

¿Una nueva arquitectura internacional?

La cumbre de la OCS permite observar algo más profundo que una simple coincidencia diplomática.

Rusia, China, India e Irán no constituyen un bloque homogéneo. Tienen intereses diferentes, mantienen disputas históricas y no necesariamente comparten una misma visión sobre todos los conflictos internacionales.

La coincidencia es reducir la capacidad de Estados Unidos

Pero existe un punto de coincidencia cada vez más importante: la voluntad de reducir la capacidad de Estados Unidos para imponer unilateralmente las reglas del sistema internacional.

Ese proceso no significa necesariamente el nacimiento de una nueva Guerra Fría. La realidad es más compleja.

China mantiene vínculos comerciales enormes con Occidente. India profundiza su cooperación estratégica con Estados Unidos. Rusia depende cada vez más de China. Irán busca preservar su autonomía frente a todos ellos.

Lo que está apareciendo es un sistema internacional más fragmentado, donde las potencias negocian simultáneamente en diferentes tableros.

América Latina tampoco debería mirar hacia otro lado

Este proceso tiene implicancias directas para América Latina.

Una mayor confrontación entre Estados Unidos y las potencias euroasiáticas puede afectar los precios de la energía, las cadenas globales de suministro, el comercio de alimentos, las inversiones y el acceso a minerales críticos.

Al mismo tiempo, la creciente presencia de China, India y Rusia en América Latina abre nuevas posibilidades comerciales y financieras, aunque también plantea desafíos diplomáticos.

Una política exterior capaz de evitar alineamientos automáticos

Para países como Argentina, el escenario exige una política exterior capaz de evitar alineamientos automáticos y, al mismo tiempo, aprovechar las oportunidades que ofrece un mundo cada vez más multipolar.

La cuestión central no debería ser elegir entre Washington y Beijing, sino desarrollar una estrategia propia que permita ampliar mercados, atraer inversiones, defender intereses nacionales y preservar márgenes de autonomía.

Un mundo en transición

La cumbre de Biskek deja una conclusión que va mucho más allá de la guerra de Irán.

El orden internacional surgido después de la Guerra Fría está atravesando una profunda transformación. Estados Unidos continúa siendo la principal potencia militar y financiera del planeta, pero su capacidad para establecer unilateralmente las reglas del sistema es cada vez más discutida.

China amplía su peso económico y tecnológico. Rusia conserva una enorme capacidad militar y energética. India emerge como una de las grandes potencias del siglo XXI. Irán busca consolidarse como actor central de Oriente Medio.

La OCS funciona, en este contexto, como uno de los espacios donde se ensaya esa nueva realidad.

Pero también existe una advertencia: un mundo multipolar no es necesariamente un mundo más pacífico. Si las grandes potencias no logran construir mecanismos de negociación y reglas aceptadas por todos, la fragmentación puede traducirse en una mayor competencia militar, económica y tecnológica.

La multipolaridad avanza entre guerras, alianzas y nuevas rivalidades

El desafío de los próximos años será, precisamente, determinar si la multipolaridad puede convertirse en una oportunidad para construir un sistema internacional más equilibrado .

Las potencias de Eurasia desafían a Estados Unidos desde Biskek

La cumbre de Biskek muestra que esa disputa ya comenzó.