Perspectiva Internacional

Perú ante una elección que revive dos fantasmas políticos: el fujimorismo y el castillismo

Por perspectiva internacional

Lima, 11 de mayo de 2026

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputan una elección marcada por los fantasmas del pasado

La campaña presidencial en Perú ha quedado atrapada entre dos herencias políticas que siguen marcando el rumbo del país. La segunda vuelta del próximo 7 de junio enfrentará a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, dos candidatos cuyos capitales electorales dependen menos de sus trayectorias personales que de los símbolos que representan: el fujimorismo y el castillismo.

Perú define su futuro entre dos legados que aún dividen al país: Fujimori y Castillo

La disputa electoral peruana vuelve así a girar alrededor de figuras que, pese a no estar directamente en competencia, continúan condicionando la vida política nacional. Por un lado, el legado de Alberto Fujimori, el mandatario que gobernó durante los años noventa y cuyo gobierno quedó asociado al autoritarismo, la corrupción y las violaciones de derechos humanos. Por el otro, la figura de Pedro Castillo, el maestro rural que llegó al poder en 2021 y terminó destituido y encarcelado tras intentar disolver el Congreso en 2022.

Continuan las denuncias de fraude

Con el 97,9% de las actas procesadas, el escenario electoral parece irreversible. Sin embargo, el proceso continúa marcado por denuncias de fraude sin pruebas concluyentes y por un clima de polarización que evidencia la fragilidad institucional que atraviesa el país andino desde hace varios años.

Keiko fujimori

Keiko Fujimori llega nuevamente a las puertas de la presidencia luego de cuatro intentos fallidos. Esta vez, la líder de Fuerza Popular parece haber decidido abrazar plenamente el legado de su padre. Lejos de tomar distancia de los excesos del fujimorismo, la candidata reivindica abiertamente la figura del exmandatario fallecido en 2024 y promete gobernar “como lo hizo” él, apelando a una narrativa de orden y autoridad en medio de una creciente preocupación social por la inseguridad y la crisis política.

El problema para Fujimori sigue siendo el mismo que ha condicionado toda su carrera: el antifujimorismo. Aunque algunos analistas consideran que ese rechazo se ha debilitado con el tiempo, amplios sectores de la sociedad peruana continúan asociando a su espacio político con el deterioro democrático y la inestabilidad institucional de los últimos años. Su bancada parlamentaria ha sido señalada reiteradamente como uno de los principales factores de bloqueo político desde la caída de Pedro Pablo Kuczynski hasta las sucesivas crisis presidenciales que siguieron.

Roberto Sanchez

Del otro lado aparece Roberto Sánchez, quien ha construido su candidatura como continuidad política de Pedro Castillo. Su campaña ha buscado conectar con el electorado rural y popular del interior peruano, especialmente en las regiones más golpeadas por la desigualdad y el abandono estatal. La imagen del candidato entrando a caballo en sus actos de campaña y utilizando símbolos asociados al expresidente encarcelado refleja una estrategia clara: consolidar el voto castillista como una identidad política propia.

Sánchez  prometió indultar a Castillo

Sánchez incluso prometió indultar a Castillo si llega al poder, un mensaje que fortalece su respaldo en el sur andino, donde persiste una fuerte percepción de persecución política contra el exmandatario. Para sus adversarios, sin embargo, el candidato representa el riesgo de reeditar una experiencia de gobierno marcada por la improvisación y el conflicto permanente con las instituciones.

Empate en intención de voto

Las encuestas muestran un escenario extremadamente ajustado. Según Ipsos, ambos candidatos se encuentran empatados con 38% de intención de voto, mientras que un significativo porcentaje del electorado se inclina por votar en blanco, anular su voto o permanece indeciso. La división territorial también refleja las fracturas históricas del país: Fujimori domina en Lima y las zonas urbanas, mientras Sánchez concentra su fuerza en las regiones rurales y andinas.

Perú vuelve a polarizarse entre el orden autoritario y la promesa de cambio

La elección no solo enfrenta modelos económicos o propuestas de gobierno, sino también dos visiones opuestas sobre el poder y la democracia. El recuerdo del autogolpe de Alberto Fujimori en 1992 y el fallido intento de Pedro Castillo en 2022 sobrevuelan constantemente la campaña. Aunque distintos analistas remarcan las enormes diferencias entre ambos episodios, la discusión pública vuelve a girar alrededor del autoritarismo, la legitimidad institucional y la relación entre liderazgo y democracia.

Perú elige entre dos proyectos marcados por el peso de sus líderes caídos

En ese contexto, la segunda vuelta peruana se transforma en algo más profundo que una competencia electoral tradicional: es una disputa simbólica por la memoria política reciente del país. Entre el deseo de orden y la demanda de cambio, Perú vuelve a quedar dividido entre dos proyectos que despiertan adhesiones intensas, pero también fuertes rechazos.