Por Perspectiva Internacional

13 de febrero de 2026
La guerra como horizonte probable: opinión pública y límites del gasto en defensa
Una encuesta publicada por Politico revela un dato inquietante: casi la mitad de los estadounidenses cree que su país entrará en guerra en los próximos cinco años. El sondeo, realizado por la consultora Public First en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia y Alemania, confirma una percepción cada vez más extendida en Occidente: el mundo es hoy más peligroso que hace un año y la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial ya no se percibe como un escenario lejano.
¿Hacia una nueva guerra mundial? El giro en la percepción estratégica de Occidente
El dato más contundente proviene de Estados Unidos: el 46% considera “probable” o “muy probable” un conflicto global antes de 2031. En el Reino Unido, el 43% comparte esa visión. En ambos casos, el salto respecto de 2025 es significativo. Solo Alemania aparece como la excepción relativa, donde la mayoría aún considera improbable una guerra mundial en el corto plazo.
La seguridad en disputa: aliados que ya no confían plenamente entre sí
La encuesta se publica en vísperas de la Conferencia de Seguridad de Múnich, foro clave donde líderes occidentales discutirán el futuro de la seguridad europea en un contexto marcado por la prolongación de la guerra entre Rusia y Ucrania, así como por las múltiples acciones militares estadounidenses en distintos escenarios bajo la presidencia de Donald Trump.
Ansiedad estratégica y fatiga económica
El estudio revela una paradoja central: mientras crece el temor a la guerra, disminuye la disposición ciudadana a pagar el costo de la preparación militar.
En Reino Unido, Francia, Alemania y Canadá existe un apoyo inicial a aumentar el gasto en defensa. Sin embargo, cuando la pregunta incorpora el costo concreto —más deuda pública, recortes sociales o subas de impuestos— ese respaldo se desploma. En Francia, el apoyo condicionado cayó del 40% en 2025 al 28% en 2026. En Alemania, del 37% al 24%.
La conclusión es incómoda para los gobiernos europeos: la ciudadanía percibe el riesgo, pero no está dispuesta a asumir sacrificios fiscales en un contexto de inflación persistente, estancamiento económico y presión sobre el Estado de bienestar.
Estados Unidos, aliado y amenaza
Otro dato políticamente significativo es la percepción de amenazas. En Europa, Rusia sigue siendo considerada el principal riesgo para la paz. Sin embargo, en Francia, Alemania y Reino Unido, Estados Unidos aparece como la segunda mayor amenaza, por encima de China. En Canadá, directamente se lo identifica como el principal factor de riesgo para su seguridad.
Este elemento refleja una transformación estructural: el liderazgo estadounidense ya no es visto exclusivamente como garante de estabilidad, sino también como posible factor de imprevisibilidad estratégica.
Trump y la percepción de guerra: ansiedad creciente en la sociedad estadounidense
La narrativa de Trump como “presidente de la paz” no parece haber convencido plenamente a los votantes estadounidenses. De hecho, los ciudadanos de Estados Unidos son los más propensos a creer que su país irá a la guerra en los próximos cinco años.
¿Rearme europeo sin consenso social?
La discusión sobre un ejército permanente de la Unión Europea, impulsada por sectores de la Comisión, encuentra fuerte resistencia: solo el 22% de los alemanes y el 17% de los franceses apoyan la idea. En contraste, el servicio militar obligatorio cuenta con mayor aceptación, especialmente en Francia y Alemania, donde alrededor de la mitad de la población lo respalda.
Este contraste sugiere que el nacionalismo defensivo puede ser más viable políticamente que una mayor integración militar europea.
El dilema de la OTAN
Para la OTAN, el desafío es doble: necesita fortalecer su capacidad disuasiva en un entorno geopolítico más volátil, pero enfrenta electorados cansados de financiar conflictos prolongados. La guerra en Ucrania, las tensiones en Medio Oriente y la competencia estratégica con China configuran un escenario de multipolaridad inestable.
El temor a una guerra global puede estar creciendo, pero el consenso político necesario para sostener un rearme significativo parece fragmentarse.
La era de la incertidumbre: cuando la guerra deja de ser impensable
Occidente se enfrenta así a una contradicción profunda: percibe la amenaza, pero duda en pagar el precio de la seguridad. En ese desajuste entre miedo y responsabilidad fiscal podría definirse buena parte del equilibrio estratégico de la próxima década.



