Perspectiva Internacional

La extrema derecha europea: un fenómeno en expansión, pero lejos de ser un bloque homogéneo

Por Perspectiva Internacional

Europa, 26 de setiembre de 2026

El avance electoral de la derecha radical europea está modificando el mapa político del continente. Sin embargo, detrás de una agenda común contra la inmigración aparecen profundas diferencias sobre Rusia, la Unión Europea, la economía, los derechos sociales y el papel del Estado.

El crecimiento de la extrema derecha constituye uno de los fenómenos políticos más significativos de la Europa actual. El reciente avance de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales alemanas vuelve a poner en evidencia la capacidad de estas fuerzas para ampliar su presencia institucional y disputar espacios que hasta hace pocos años parecían reservados a los partidos tradicionales.

Según el análisis recogido en la investigación académica Chapel Hill Expert Survey (CHES), que evalúa las posiciones de los partidos europeos a través de especialistas, existe un núcleo importante de coincidencias entre las formaciones de la derecha radical. Pero también aparecen diferencias sustanciales que dificultan considerar a estas fuerzas como un movimiento político homogéneo.

Entre Bruselas y Moscú: las fracturas de la nueva derecha europea

La investigación analizó 23 partidos identificados dentro de la familia de la derecha radical europea y mostró que el consenso es particularmente fuerte alrededor de la inmigración, el nacionalismo y el rechazo a determinadas políticas climáticas. En cambio, cuestiones como la relación con Rusia, la integración europea, la economía o los derechos de las minorías generan importantes divisiones.

La inmigración como punto de convergencia

La oposición a la inmigración constituye probablemente el principal elemento común.

El estudio citado señala que las 23 formaciones analizadas consideran el control migratorio una prioridad política. La puntuación promedio otorgada a esta cuestión alcanza 9,4 sobre 10, frente a 6,6 entre los partidos conservadores tradicionales y 5,2 entre los socialistas.

Esta coincidencia se expresa de diferentes maneras según cada país.

La AfD alemana incorporó el concepto de “remigración”; el francés Reagrupamiento Nacional (RN) defiende la llamada “prioridad nacional”; Vox ha planteado políticas restrictivas hacia la inmigración; mientras que el Gobierno italiano de Giorgia Meloni ha impulsado mecanismos para gestionar migrantes fuera del territorio italiano.

En Austria, el FPÖ ha utilizado también la idea de una “fortaleza” destinada a proteger a los ciudadanos frente a la inmigración masiva.

El denominador común es evidente:

 La cuestión migratoria se ha convertido en uno de los principales instrumentos de movilización electoral de la derecha radical europea.

La gran fractura: Rusia y la guerra de Ucrania

Pero cuando la discusión abandona la política migratoria y entra en el terreno geopolítico, la unidad comienza a resquebrajarse.

La relación con Rusia aparece como una de las principales líneas de división. En un extremo se encuentran partidos claramente favorables a Ucrania, mientras que otros mantienen posiciones mucho más próximas a Moscú.

El Partido de los Finlandeses, por ejemplo, apoyó el ingreso de Finlandia en la OTAN y mantiene una posición favorable a Ucrania. En el otro extremo se encuentra Fidesz, el partido de Viktor Orbán, que ha bloqueado iniciativas europeas de sanciones contra Rusia.

La AfD alemana también mantiene una posición particularmente distante de Kiev y ha mostrado disposición a recuperar los vínculos energéticos con Rusia. En contraste, Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, ha respaldado a Ucrania desde su llegada al Gobierno.

La extrema derecha europea avanza, pero sus contradicciones se profundizan

Estas diferencias tienen consecuencias concretas en el Parlamento Europeo, donde las posiciones respecto de Moscú contribuyen a explicar la distribución de estas fuerzas entre diferentes grupos políticos.

La paradoja resulta significativa: una corriente política que suele presentarse como defensora de la soberanía nacional no tiene una posición común sobre una de las principales cuestiones estratégicas que enfrenta Europa.

Europa: ¿reformarla o abandonarla?

Algo similar ocurre con la Unión Europea.

El euroescepticismo constituye otro elemento característico de estas formaciones, pero también aquí existen diferentes grados y estrategias.

Reform UK, de Nigel Farage, representa una de las posiciones más radicalmente contrarias a la integración europea, mientras que el PVV neerlandés de Geert Wilders llegó a defender la posibilidad de un referéndum sobre la salida de los Países Bajos de la UE.

Otros partidos, como Hermanos de Italia, Ley y Justicia o Vox, mantienen posiciones críticas con Bruselas pero han moderado sus planteamientos respecto de una ruptura con la Unión.

La experiencia del Brexit parece haber contribuido a esta transformación. Según el análisis académico citado, el costo económico y político de abandonar el mercado interior habría llevado a algunos partidos a reemplazar las propuestas de salida por una estrategia de transformación desde dentro de las instituciones europeas.

Así, la discusión ya no parece limitarse a “Europa sí o Europa no”, sino a una cuestión más compleja: qué Europa quieren estas fuerzas y hasta dónde pretenden modificar el proceso de integración.

Una derecha económica difícil de definir

Otra contradicción aparece en el terreno económico.

No existe una única receta económica dentro de la derecha radical europea. Algunas formaciones defienden una reducción del Estado, menores impuestos y desregulación. Otras incorporaron políticas de protección social, subsidios y ayudas públicas, aunque generalmente vinculadas al principio de “prioridad nacional”.

Esta flexibilidad permite que un mismo partido pueda utilizar discursos diferentes según el electorado al que se dirige.

Ambigüedad en materia economica

El estudio citado caracteriza a la extrema derecha como una de las familias políticas más ambiguas en materia económica. Según el investigador Jan Rovny, esta indefinición puede responder a una estrategia destinada a atraer sectores sociales diferentes: trabajadores que demandan protección económica y empresarios interesados en menores impuestos y regulación.

La cuestión resulta especialmente relevante porque muestra que el fenómeno no puede explicarse simplemente como una reedición del viejo neoliberalismo europeo.

En muchas de estas fuerzas aparece una combinación de nacionalismo económico, proteccionismo, reducción impositiva y políticas sociales selectivas, articuladas alrededor de una idea central: que los beneficios del Estado deben estar prioritariamente destinados a los nacionales.

Derechos sociales, religión y valores culturales

Las diferencias también aparecen alrededor de cuestiones vinculadas con los derechos de las mujeres, las personas LGTBIQ+, el aborto y el matrimonio igualitario.

En términos generales, las formaciones analizadas mantienen posiciones conservadoras en estas materias, aunque con diferencias significativas.

El caso del aborto resulta ilustrativo. Mientras el Gobierno polaco vinculado al PiS impulsó una de las legislaciones más restrictivas de Europa, Marine Le Pen votó en Francia a favor de incorporar la protección del aborto a la Constitución.

Europa gira a la derecha: coincidencias, diferencias y nuevas líneas de fractura

El matrimonio igualitario también genera divisiones. Algunas formaciones, como el PVV neerlandés y el Partido Popular Danés, mantienen posiciones más favorables, mientras que otras, como Fidesz, han adoptado políticas mucho más restrictivas.

La relación entre política y religión constituye otro factor de diferenciación. El análisis del CHES encuentra una relación entre aquellos partidos que otorgan mayor importancia a la religión en sus programas y posiciones más restrictivas respecto de los derechos de las minorías sexuales.

El poder transforma el discurso

Existe además una cuestión fundamental para comprender la evolución de estas fuerzas: qué ocurre cuando pasan de la oposición al Gobierno.

La experiencia europea indica que algunos partidos moderan, modifican o directamente abandonan determinadas propuestas cuando deben transformarlas en políticas públicas.

La razón es sencilla: gobernar implica negociar con socios de coalición, responder ante instituciones nacionales y europeas y afrontar las consecuencias económicas y sociales de las decisiones adoptadas.

El caso italiano resulta ilustrativo. Giorgia Meloni llegó al poder con un discurso profundamente conservador, pero su Gobierno no modificó la legislación italiana sobre el aborto.

En los Países Bajos, Geert Wilders abandonó la coalición de Gobierno en 2025 sin haber conseguido implementar la política de asilo que había prometido.

La experiencia demuestra que existe una diferencia entre movilizar electoralmente determinadas demandas y convertirlas en políticas de Estado.

La influencia sobre el centro político

Quizás uno de los efectos más importantes del crecimiento de la derecha radical no sea únicamente el número de gobiernos que consigue integrar, sino la capacidad de modificar la agenda de otros partidos.

El análisis citado sostiene que algunas propuestas originalmente asociadas con la extrema derecha han ido incorporándose al debate político general, especialmente en materia migratoria.

Esto significa que la influencia de estas fuerzas no depende necesariamente de que gobiernen en solitario. Pueden modificar las prioridades de partidos conservadores, liberales e incluso socialdemócratas.

La política migratoria danesa constituye uno de los ejemplos mencionados por la investigación: las posiciones adoptadas por la socialdemocracia de ese país se han acercado a planteamientos que tradicionalmente pertenecían a la derecha radical.

Una Europa políticamente más fragmentada

El fenómeno plantea, por lo tanto, una paradoja.

La extrema derecha europea avanza electoralmente y comparte una serie de banderas políticas muy visibles: control migratorio, nacionalismo, crítica al establishment y cuestionamiento de determinadas políticas climáticas.

La extrema derecha europea avanza, pero sus contradicciones se profundizan

Pero, al mismo tiempo, está atravesada por profundas diferencias respecto de Rusia, Ucrania, la OTAN, la Unión Europea, el modelo económico, la religión y los derechos sociales.

Por eso, más que hablar de una única extrema derecha europea, resulta más preciso hablar de una familia política heterogénea, cuyos integrantes coinciden en determinados diagnósticos pero discrepan sobre las respuestas estratégicas.

Esta fragmentación será particularmente relevante para el futuro de Europa. Si estas fuerzas continúan aumentando su representación parlamentaria y gubernamental, deberán resolver una cuestión que hasta ahora podía permanecer en segundo plano: cómo transformar una alianza electoral basada en enemigos comunes en un proyecto político capaz de gobernar conjuntamente.

La respuesta tendrá consecuencias no solamente para la política interna de cada país, sino también para el futuro de la Unión Europea, la relación transatlántica y la posición de Europa frente a Rusia, Ucrania, China y el resto del sistema internacional.

La gran pregunta ya no es solamente cuánto puede crecer la derecha radical europea.

También es hasta dónde puede avanzar sin resolver sus propias contradicciones.