
Crisis en CDC
El despido de Susan Monarez como directora de los CDC ha desatado una profunda crisis en el sistema de salud pública de EE.UU. Su salida, ocurrida el 18 de agosto de 2025, fue consecuencia de su negativa a respaldar cambios en las recomendaciones de vacunación propuestos por Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Salud. Estas modificaciones carecían de base científica, según Monarez. La situación provocó renuncias masivas, incluyendo figuras clave como Debra Houry y Dan Jernigan, además de huelgas internas y protestas que reflejan una creciente desconfianza en las decisiones sanitarias institucionales.
La salida de Susan Monarez expone tensiones internas en la salud pública de EE.UU.
El despido de Susan Monarez como directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ha generado una profunda crisis en CDC. El hecho ocurrió el 18 de agosto de 2025 y fue provocado por su negativa a apoyar cambios en las recomendaciones de vacunación impulsados por Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Salud. Según Monarez, dichas modificaciones carecían de respaldo científico. Su salida desencadenó una ola de renuncias, incluidas las de Debra Houry y Dan Jernigan. Además, estallaron protestas internas, huelgas y una creciente desconfianza en las decisiones adoptadas desde entonces.
Politización de la gestión sanitaria bajo el liderazgo de Kennedy
La llegada de Kennedy al frente del Departamento de Salud, tras ser confirmado por el Senado en febrero de 2025, marcó un punto de quiebre en la conducción de la política sanitaria en el país. Su historial de difusión de información errónea sobre las vacunas y la falta de formación médica generaron alarma entre los expertos del sector. Desde entonces, ha impulsado una serie de reformas que han mermado significativamente la independencia de las agencias de salud. Entre las medidas más controvertidas figuran la reestructuración del comité asesor sobre inmunización, la cancelación de investigaciones en torno a las vacunas de ARNm y la implementación de trabas en el acceso a vacunas esenciales, en particular las destinadas a combatir el COVID-19. Más allá del impacto técnico, estas decisiones han contribuido a sembrar confusión entre la población sobre qué fuentes son realmente confiables en temas de salud pública.
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La informalidad discursiva frente a la responsabilidad institucional
En medio de este panorama, preocupa seriamente que discursos más propios de redes sociales, carentes de rigor técnico, estén guiando políticas de alto impacto en la salud de millones de personas. La gestión de Kennedy se ha caracterizado por un tono emocional y simplista, que recuerda más al estilo de un influencer mediático que al de un funcionario a cargo de un presupuesto de más de 1.5 billones de dólares y responsable de la salud de más de 150 millones de ciudadanos. Esta manera de comunicar, alejada de los estándares exigidos en la conducción de políticas públicas, ha debilitado la confianza en las instituciones, desplazado la ciencia como base para la toma de decisiones y reducido la capacidad del país para enfrentar con eficacia posibles emergencias sanitarias.
Impacto operativo y social de decisiones erráticas en salud pública
La desvinculación de más de 20.000 trabajadores del sistema de salud pública, la introducción de restricciones al acceso a vacunas y la eliminación de programas de investigación han provocado un deterioro evidente en la infraestructura sanitaria de Estados Unidos. La reacción del sector médico no se hizo esperar: más de mil profesionales, incluidos varios premios Nobel, han pedido públicamente la renuncia de Kennedy. Al mismo tiempo, distintos estados han comenzado a ignorar las recomendaciones federales, diseñando sus propios protocolos sanitarios. Este tipo de fragmentación institucional, sin precedentes recientes, podría tener consecuencias graves, como el resurgimiento de enfermedades que antes estaban bajo control y un debilitamiento estructural de los pilares de la salud pública en el país.
La pérdida de confianza en la ciencia y sus instituciones
Lo ocurrido con Susan Monarez refleja de manera clara el conflicto entre la defensa de la evidencia científica y las presiones del poder político. Su negativa a avalar políticas sin respaldo técnico no solo le costó el puesto, sino que también puso en evidencia el nivel de presión ejercida desde la Secretaría de Salud. Con el progresivo reemplazo de expertos por personas sin la formación adecuada y la purga de voces disidentes, Kennedy ha transformado a los CDC en una institución menos técnica y más ideológicamente alineada. Esta deriva plantea una inquietud fundamental: ¿puede una democracia sostener políticas de salud eficaces si quienes las lideran priorizan la desinformación por encima de la evidencia? ¿Hasta qué punto puede tolerarse la ignorancia cuando sus consecuencias ponen en riesgo la vida de millones?
