
Por perspectiva internacional
La Habana, 6 de enero de 2026
Venezuela sacude a Cuba: el impacto regional de la intervención de Estados Unidos
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Caracas no solo reconfiguró de manera abrupta el tablero político venezolano, sino que encendió todas las alarmas en La Habana. Mientras Washington consolida una estrategia de intervención directa en su entorno regional, Cuba observa los acontecimientos con una mezcla de temor, incertidumbre y resignación histórica.
Cuando cae un aliado: el impacto político y emocional de Venezuela en Cuba
El operativo militar estadounidense, que incluyó bombardeos selectivos sobre la capital venezolana y culminó con el secuestro de Maduro y su esposa, Cilia Flores, a una prisión en Nueva York, tuvo un efecto inmediato en la isla. La reacción inicial de muchos cubanos fue de incredulidad: una intervención anunciada durante años, pero que hasta ahora parecía improbable, se convirtió en un hecho consumado. Pronto, el asombro dio paso al miedo. “Cuba podría ser la próxima”, comenzó a circular en conversaciones privadas y redes sociales, reflejando un temor profundamente arraigado en la memoria colectiva del país.
Trump acelera el reloj en América Latina y Cuba toma nota
La respuesta oficial no se hizo esperar. El Gobierno cubano decretó dos días de duelo nacional tras la muerte de 32 militares cubanos que integraban el anillo de seguridad de Maduro al momento de su secuestro. Más allá del simbolismo, el gesto dejó en claro el nivel de involucramiento de La Habana en la estructura de poder del chavismo y el costo humano que la alianza con Caracas ha tenido para la isla.
Concentracion masiva en la Habana
En paralelo, las autoridades convocaron a una masiva concentración frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana. Desde la Tribuna Antiimperialista, el presidente Miguel Díaz-Canel calificó la operación como “terrorismo de Estado” y denunció el retorno de una lógica intervencionista que creía superada. Su discurso, cargado de épica política, contrastó con el sentir ambiguo de una sociedad que, aunque rechaza la intervención extranjera, no ignora el carácter autoritario del régimen venezolano.
Estados Unidos redefine su patio trasero: Venezuela, Cuba y la nueva Doctrina Monroe
Esa ambivalencia atraviesa hoy a la sociedad cubana. Para algunos, la caída de Maduro representa una esperanza, incluso si llega de la mano de una potencia extranjera. Para otros, confirma el peor de los escenarios: el regreso explícito de la Doctrina Monroe bajo una versión endurecida del trumpismo. La presencia de Marco Rubio junto a Donald Trump, y las declaraciones sobre Cuba como “nación fallida”, refuerzan la percepción de que la isla vuelve a estar en el centro de la mira de Washington.
Las implicancias económicas
Las implicancias económicas son, quizás, las más inquietantes. Aunque el apoyo venezolano a Cuba se ha reducido con los años, Caracas sigue siendo un proveedor clave de petróleo. En septiembre de 2025, Venezuela llegó a enviar más de 50.000 barriles diarios a la isla. Un colapso definitivo del chavismo pondría en riesgo ese suministro, agravando una crisis económica que ya es profunda y estructural.
La caída de Maduro vista desde La Habana: duelo, temor e incertidumbre
A esto se suma la incertidumbre sobre el futuro de miles de colaboradores cubanos en Venezuela y sobre la continuidad de los acuerdos bilaterales. Para sectores académicos y políticos en La Habana, la caída de Maduro podría desencadenar un efecto dominó con consecuencias devastadoras para Cuba, tanto en lo económico como en lo político.
Venezuela, Cuba y el nuevo orden hemisférico que impulsa Washington
Más allá de Venezuela y Cuba, el episodio marca algo más amplio: el retorno de la política de fuerza como herramienta legítima de orden regional. Estados Unidos parece decidido a redefinir su zona de influencia en un contexto internacional cada vez más fragmentado, donde las grandes potencias imponen ritmos y límites. Para los cubanos, atentos a cada movimiento en Caracas, la pregunta ya no es solo qué pasará en Venezuela, sino cuánto falta para que el reloj de Trump vuelva a marcar la hora de Cuba.


