Perspectiva Internacional

Brasil: el bolsonarismo busca sobrevivir a Bolsonaro

Por Perspectiva Internacional

Brasil, 2 de octubre de 2026

La elección presidencial brasileña vuelve a colocar frente a frente a Luiz Inácio Lula da Silva y al universo político construido por Jair Bolsonaro. Con el expresidente fuera de la competencia electoral, su hijo Flávio intenta convertir el legado familiar en una nueva candidatura capaz de disputar el poder. Detrás de esta batalla hay algo más profundo: la consolidación de una identidad política basada en la religión, la familia, el anticomunismo y las llamadas guerras culturales.

Brasil vuelve a encontrarse ante una elección que trasciende la disputa entre dos candidatos. En realidad, el enfrentamiento electoral expresa la continuidad de una profunda fractura política y cultural que comenzó a consolidarse hace casi una década y que modificó de manera sustancial el sistema político brasileño.

Jair Bolsonaro ya no ocupa el centro de la escena electoral. Condenado por su participación en una trama destinada a impedir la continuidad institucional después de su derrota de 2022 y sometido a prisión domiciliaria, el expresidente no puede presentarse nuevamente. Sin embargo, su movimiento demostró tener una capacidad de supervivencia que excede ampliamente la figura de su fundador.

La candidatura de su hijo Flávio constituye precisamente el principal experimento de esa continuidad.

De Bolsonaro a un movimiento político

El fenómeno bolsonarista no nació exclusivamente de la figura de Jair Bolsonaro. Como señalan los especialistas citados en la información de base, el conservadurismo moral, la influencia política de las iglesias evangélicas y una derecha radical ya existían en la sociedad brasileña.

Lo novedoso fue la capacidad de Bolsonaro para ensamblar esos elementos en una identidad política común.

Durante su ascenso, el entonces diputado convirtió cuestiones como el aborto, las drogas, la llamada “ideología de género”, la defensa de la familia y la religión en elementos centrales de la competencia política.

Brasil vuelve a las urnas dividido entre Lula y el legado bolsonarista

La política dejó así de estar organizada únicamente alrededor de la economía, la corrupción o la seguridad. La disputa comenzó a presentarse como una confrontación entre dos concepciones morales de la sociedad.

En ese esquema, la izquierda dejó de ser simplemente un adversario político para transformarse, en determinados discursos, en una amenaza contra la familia, la religión y los valores tradicionales.

Ese mecanismo contribuyó a construir una identidad política mucho más resistente que una candidatura individual.

El factor evangélico

Uno de los elementos fundamentales de esta transformación fue el crecimiento de las iglesias evangélicas, particularmente entre sectores populares urbanos.

Una parte de esos sectores, que históricamente había mantenido vínculos electorales con el Partido de los Trabajadores, comenzó a encontrar en el discurso bolsonarista una combinación de valores religiosos, defensa de la familia, individualismo y rechazo a la izquierda.

La fórmula “Dios, patria, familia y libertad” sintetizó buena parte de ese mensaje

El fenómeno tiene una dimensión política y también social. Las iglesias no funcionan solamente como espacios religiosos. Para numerosos sectores populares constituyen redes comunitarias que brindan asistencia, acompañamiento y contención frente a problemas cotidianos.

En ese contexto, el discurso político de determinados líderes religiosos puede adquirir una influencia considerable.

El bolsonarismo comprendió esa dinámica y consiguió convertir la defensa de determinados valores morales en una herramienta de movilización electoral.

De la economía a la guerra cultural

Uno de los cambios más importantes producidos durante la última década fue el desplazamiento parcial de la discusión electoral.

La economía continúa siendo decisiva, pero una parte importante de la competencia política se trasladó hacia cuestiones vinculadas con la identidad.

La discusión sobre quién representa la familia, la religión, la seguridad, la libertad individual o los valores tradicionales puede movilizar a electores incluso cuando existen dudas respecto de la gestión económica o de la actuación de los dirigentes.

La política brasileña quedó así atravesada por una lógica de “nosotros contra ellos”.

La guerra cultural que mantiene vivo al bolsonarismo

Para el electorado bolsonarista más comprometido, Lula no representa solamente a un candidato de izquierda. Puede aparecer como la expresión de un proyecto cultural considerado incompatible con sus valores.

Del otro lado, para buena parte de los sectores progresistas, el bolsonarismo representa una amenaza para las instituciones democráticas y para determinadas políticas sociales.

La consecuencia es una polarización que continúa estructurando el sistema político brasileño.

Flávio Bolsonaro y el desafío de heredar el apellido

La candidatura de Flávio Bolsonaro introduce una diferencia importante respecto del fenómeno original.

El hijo del expresidente no posee el mismo estilo confrontativo ni la capacidad de movilización personal de su padre. Su estrategia consiste en conservar el núcleo duro del bolsonarismo pero, al mismo tiempo, intentar proyectar una imagen más moderada capaz de atraer sectores del centro político.

Es una operación compleja

El apellido Bolsonaro constituye simultáneamente un activo electoral y una limitación. Permite mantener el vínculo con millones de electores identificados con el movimiento, pero también puede dificultar la construcción de una mayoría más amplia.

La pregunta central es, entonces, si el bolsonarismo puede transformarse en una fuerza política permanente o si depende esencialmente del liderazgo personal de Jair Bolsonaro.

Hasta ahora, la evidencia presentada por los especialistas citados apunta hacia la primera posibilidad: existe una identidad política suficientemente consolidada como para sobrevivir a su fundador.

La desconfianza hacia las instituciones

Otro componente fundamental es la creciente desconfianza hacia las instituciones brasileñas.

El enfrentamiento entre Bolsonaro y el Poder Judicial, especialmente con el Supremo Tribunal Federal, contribuyó a instalar entre sus seguidores la percepción de que el sistema institucional actúa contra ellos.

Las investigaciones judiciales contra dirigentes bolsonaristas son interpretadas por sus adversarios como parte del funcionamiento normal del Estado de derecho. Para sectores del movimiento, en cambio, constituyen evidencia de una persecución política.

Procesos judiciales  elementos de movilización política

Esta diferencia de interpretación es particularmente relevante porque transforma los procesos judiciales en elementos de movilización política.

El líder perseguido puede convertirse, dentro de esa narrativa, en víctima de un sistema que pretende excluirlo.

La prisión y la inhabilitación de Bolsonaro no necesariamente destruyen su liderazgo. En determinados sectores pueden incluso reforzar la imagen de un dirigente convertido en símbolo de resistencia.

Lula frente a un país dividido

Para Lula, el desafío no consiste solamente en derrotar electoralmente a un candidato.

Su problema más profundo es gobernar una sociedad en la que la polarización se convirtió en una estructura permanente de la política.

El desgaste del oficialismo, las dificultades económicas que persisten para numerosos sectores y la desconfianza hacia las instituciones pueden alimentar el voto opositor.

Al mismo tiempo, la izquierda conserva una base social vinculada a las políticas de redistribución, los programas sociales y la defensa de las minorías.

El resultado es un escenario en el que una parte importante del electorado puede terminar votando fundamentalmente para impedir el triunfo del adversario.

La elección deja entonces de ser una discusión exclusivamente sobre qué proyecto de país se desea construir y se convierte, en buena medida, en una elección sobre qué proyecto se quiere evitar.

Brasil y la nueva derecha latinoamericana

La evolución brasileña también tiene una dimensión regional.

Brasil es la mayor democracia de América Latina y una de las principales economías del mundo. Lo que sucede allí tiene consecuencias que trascienden sus fronteras.

El fortalecimiento del bolsonarismo forma parte de una tendencia regional e internacional caracterizada por el crecimiento de fuerzas conservadoras, el cuestionamiento de las élites tradicionales, la utilización política de las redes sociales y la creciente importancia de las cuestiones culturales en las campañas electorales.

La eventual continuidad del movimiento creado por Bolsonaro también tendría implicancias para la política exterior brasileña.

La intervencion de Trump en la eleccion

El propio entorno bolsonarista ha mostrado afinidad con determinadas posiciones de la derecha estadounidense y con la política internacional impulsada por Donald Trump.

Por eso, la disputa entre Lula y el campo bolsonarista no solamente definirá quién ocupará el Palacio del Planalto. También puede influir en la orientación internacional de Brasil y en el equilibrio político de América Latina.

Más allá de Bolsonaro

La cuestión central que plantea la elección brasileña es, en definitiva, si el bolsonarismo puede existir sin Bolsonaro.

La respuesta dependerá menos de la capacidad de Flávio Bolsonaro para reproducir exactamente el liderazgo de su padre que de la permanencia de las condiciones sociales y culturales que hicieron posible el fenómeno original.

El conservadurismo religioso, la desconfianza institucional, el rechazo a la izquierda, la defensa de la meritocracia, el individualismo y las guerras culturales no desaparecen porque desaparezca un dirigente.

El bolsonarismo puede, por lo tanto, transformarse.

Puede moderar su lenguaje, buscar nuevos aliados, ampliar su base social y abandonar algunos de los rasgos más personales de su fundador. Pero mientras exista una parte significativa de la sociedad brasileña que interprete la política como una batalla por la defensa de la fe, la familia y determinados valores culturales frente a una izquierda presentada como amenaza, la identidad política construida durante los últimos años continuará teniendo un peso considerable.

Brasil: cuando la política se convierte en una batalla de valores

Brasil enfrenta así una elección que no solamente definirá el próximo gobierno. También permitirá observar hasta qué punto la polarización política se ha convertido en una característica estructural de la democracia brasileña.

Y, sobre todo, permitirá comprobar si el apellido Bolsonaro sigue siendo suficiente para mantener unido un movimiento que nació alrededor de un hombre, pero que terminó convirtiéndose en algo mucho más grande que su propio fundador.