Perspectiva Internacional

Keiko Fujimori inicia una nueva etapa en Perú: seguridad, obras públicas y un desafío de reconciliación nacional

Por Perspectiva Internacional

Lima, 29 de julio de 2026

El nuevo gobierno de Perú: entre la estabilidad que promete Fujimori y las dudas de una sociedad polarizada

Con un discurso centrado en la seguridad, la recuperación del Estado y la promesa de una fuerte inversión en infraestructura, Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú en medio de un clima de profunda polarización política. Su llegada al poder no solo marca el retorno del fujimorismo al Palacio de Gobierno después de más de dos décadas, sino que inaugura una etapa en la que el combate al crimen organizado y la reactivación económica buscarán convertirse en los pilares de su gestión.

¿Puede Keiko Fujimori pacificar un Perú dividido? Los desafíos del nuevo gobierno

Sin embargo, el inicio de su mandato estuvo lejos de ser una celebración unánime. Mientras pronunciaba su primer mensaje ante el Congreso, legisladores de la oposición abandonaron el recinto exhibiendo fotografías de víctimas de la represión estatal ocurrida en los últimos años y reclamando justicia. En las calles de Lima, manifestaciones ciudadanas recordaron las protestas que acompañaron el final del gobierno de Alberto Fujimori, evidenciando que las heridas del pasado continúan abiertas.

La seguridad como prioridad absoluta

La principal apuesta del nuevo gobierno será enfrentar la creciente inseguridad que afecta al país. Perú ha experimentado en los últimos años un aumento sostenido de la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal, fenómenos que han debilitado la confianza ciudadana en las instituciones.

Para revertir esta situación, Fujimori anunció un ambicioso programa de modernización de las fuerzas de seguridad que incluirá sistemas de videovigilancia integrados, herramientas de inteligencia artificial para anticipar delitos y un fortalecimiento de los organismos de inteligencia.

Controvertido papel de las Fuerzas Armadas

El aspecto más controvertido de su estrategia será la ampliación del papel de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna. La presidenta adelantó que declarará estados de emergencia en diversas ciudades, permitiendo que los militares asuman temporalmente el liderazgo operativo en aquellas zonas donde el crimen organizado haya superado la capacidad de respuesta policial.

Recuerda abusos contra los derechos humanos

La medida recuerda experiencias aplicadas en otros países de América Latina, donde la militarización de la seguridad pública ha producido resultados dispares: en algunos casos permitió recuperar el control territorial, mientras que en otros generó cuestionamientos por posibles abusos contra los derechos humanos y por la dificultad de retirar posteriormente a los militares de funciones policiales.

Reconstrucción del Estado y política social

Fujimori sostuvo que recibió un «Estado a la deriva» y prometió fortalecer su capacidad de gestión, especialmente en las regiones más postergadas del país.

Prometio relanzar el Programa Nacional de Asistencia Alimentaria

Entre las primeras medidas sociales anunció la reorganización de los programas de asistencia estatal y el relanzamiento del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria, creado durante el gobierno de Alberto Fujimori. Asimismo, fijó como objetivo reducir a la mitad la desnutrición crónica infantil y la anemia en menores de cinco años, indicadores que continúan representando uno de los mayores desafíos sociales del país.

El mensaje intenta combinar una agenda de orden con políticas destinadas a disminuir las desigualdades, buscando ampliar la base de apoyo de un gobierno que asume con niveles importantes de desconfianza ciudadana.

Infraestructura como motor del crecimiento

Otro de los ejes centrales del nuevo gobierno será un ambicioso programa de infraestructura.

La presidenta prometió acelerar la construcción de carreteras, corredores logísticos y concluir la demorada Línea 2 del Metro de Lima, además de impulsar nuevos sistemas ferroviarios urbanos en Arequipa, Piura y Trujillo.

Aun no se sabe como se financiará el programa

La apuesta busca responder a uno de los principales obstáculos para la competitividad peruana: las limitaciones en conectividad y transporte. Sin embargo, numerosos especialistas advirtieron que el programa requerirá inversiones equivalentes a varios puntos del Producto Bruto Interno y que el Ejecutivo todavía no explicó cómo financiará estas obras ni cuál será el cronograma de ejecución.

La viabilidad económica de estas promesas será una de las primeras pruebas de credibilidad para la nueva administración.

Un giro económico con interrogantes

En materia económica, Fujimori sorprendió al anunciar un aumento del salario mínimo, una propuesta que durante la campaña había cuestionado cuando era planteada por sus adversarios.

El incremento busca mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores frente al aumento del costo de vida, aunque economistas locales advirtieron que podría incrementar la informalidad laboral si no viene acompañado por medidas que reduzcan los costos de contratación para pequeñas y medianas empresas.

La ausencia de precisiones sobre la fecha de aplicación y los mecanismos de implementación dejó abiertas dudas sobre el verdadero alcance de la medida.

Un gabinete de continuidad

El primer gabinete ministerial refleja una combinación de dirigentes vinculados a administraciones anteriores y nuevas incorporaciones sin experiencia ejecutiva.

La composición del equipo muestra una apuesta por perfiles políticos cercanos al fujimorismo tradicional, aunque también ha despertado críticas por la escasa representación femenina y por algunos nombramientos considerados poco convencionales, especialmente en áreas estratégicas como Relaciones Exteriores.

La reconciliación pendiente

Uno de los aspectos más llamativos del discurso presidencial fue la escasa referencia a los temas que más dividen a la sociedad peruana: las violaciones a los derechos humanos durante el régimen de Alberto Fujimori y la propuesta, planteada durante la campaña, de retirar al país de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La presidenta prefirió concentrar su mensaje en la seguridad, el crecimiento económico y la eficiencia del Estado, evitando reabrir debates que podrían dificultar la gobernabilidad en los primeros meses de mandato.

El difícil equilibrio entre autoridad, crecimiento y reconciliación nacional

No obstante, los gestos de rechazo registrados tanto dentro como fuera del Congreso evidencian que la reconciliación nacional continúa siendo una tarea pendiente.

Un gobierno que comienza bajo observación

Las primeras encuestas muestran un país dividido. Mientras una parte importante de la población deposita expectativas en la promesa de recuperar el orden y dinamizar la economía, otro sector observa con preocupación el regreso del fujimorismo al poder y teme un retroceso institucional.

El éxito de la nueva administración dependerá de su capacidad para equilibrar firmeza en materia de seguridad con respeto al Estado de derecho, impulsar el crecimiento económico sin comprometer la estabilidad fiscal y construir consensos en un escenario político profundamente fragmentado.

El regreso del fujimorismo al poder reconfigura el escenario político peruano

Para América Latina, el nuevo gobierno peruano constituye un caso de especial interés. Su evolución permitirá evaluar hasta qué punto un modelo basado en el fortalecimiento del Estado, la mano dura frente al crimen y una fuerte inversión pública puede responder simultáneamente a las demandas de seguridad, desarrollo y gobernabilidad que hoy atraviesan a gran parte de la región.