
Por perspectiva internacional
Estocolmo, 25 de mayo de 2026
Rusia y la OTAN trasladan su guerra híbrida al corazón del mar Báltico
El estrecho de Oresund, ese angosto corredor marítimo que separa a Suecia de Dinamarca, ha dejado de ser solamente un paso comercial del norte de Europa para transformarse en uno de los escenarios más sensibles de la nueva confrontación entre Rusia y Occidente. Lo que durante décadas fue símbolo de integración nórdica y estabilidad regional, hoy se ha convertido en un punto crítico de vigilancia militar, sabotajes submarinos y operaciones encubiertas vinculadas a la guerra híbrida .
Oresund: el estrecho que se convirtió en la nueva línea de tensión entre Moscú y Occidente
La región atraviesa una transformación geopolítica acelerada desde la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022. La incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN modificó el equilibrio estratégico del mar Báltico, que pasó de ser un espacio relativamente neutral a convertirse, prácticamente, en un “lago aliado” rodeado por países miembros de la Alianza Atlántica. En ese nuevo mapa de seguridad, Oresund adquirió una relevancia central.
Entre Suecia y Dinamarca: el nuevo foco de tensión marítima
El estrecho constituye una de las principales salidas del Báltico hacia el Atlántico y el mar del Norte. Todo buque que transporta mercancías, energía, petróleo o equipamiento militar debe atravesar alguno de los estrechos daneses, especialmente Oresund. Esa importancia histórica —que durante siglos permitió a Dinamarca cobrar peajes marítimos y controlar el acceso al Báltico— vuelve ahora a ocupar un lugar estratégico en medio del deterioro de las relaciones entre Moscú y la OTAN.
Cables submarinos, petroleros y espionaje: el nuevo tablero híbrido
Sin embargo, el conflicto no adopta las formas tradicionales de una confrontación naval abierta. La actual disputa se desarrolla en una “zona gris”, donde predominan tácticas ambiguas difíciles de atribuir formalmente. Sabotajes a cables submarinos, interferencias en sistemas de navegación, espionaje marítimo y operaciones encubiertas forman parte de esta nueva lógica de guerra híbrida.
La “flota fantasma” rusa pone en alerta al norte de Europa
Uno de los elementos más inquietantes es el creciente protagonismo de la llamada “flota fantasma” rusa. Se trata de barcos antiguos, registrados bajo banderas de conveniencia y estructuras empresariales , utilizados por Moscú para exportar petróleo y eludir las sanciones occidentales impuestas tras la guerra en Ucrania. Las autoridades nórdicas identificaron cientos de embarcaciones vinculadas a Rusia atravesando la región durante el último año.
La nueva frontera del conflicto europeo está bajo el agua
El problema, según diversos servicios de inteligencia europeos, es que estas embarcaciones ya no solo cumplen funciones comerciales. Varias investigaciones sugieren que algunos de estos buques transportan contratistas armados vinculados a empresas paramilitares. Además, distintos incidentes recientes de daños a cables submarinos de telecomunicaciones y energía han involucrado a barcos relacionados con puertos rusos o con esta red marítima .
El carguero Fitburg
El caso del carguero Fitburg, detenido por Finlandia tras ser sospechado de provocar daños a infraestructuras submarinas entre Finlandia y Estonia, reforzó las alarmas regionales. Aunque la atribución directa a Moscú suele ser difícil de demostrar, los patrones operativos observados por las autoridades europeas alimentan la percepción de que Rusia utiliza estos métodos para presionar a Occidente sin cruzar el umbral de una confrontación militar abierta.
El mar Báltico deja de ser un “lago de paz” y vuelve a la lógica de la Guerra Fría
Frente a este escenario, Suecia y sus aliados comenzaron a reforzar la vigilancia marítima y a endurecer sus marcos legales. El gobierno sueco amplió recientemente las facultades de su Guardia Costera para monitorear barcos en tránsito y exigir información sobre seguros y propiedad de las embarcaciones sospechosas. La frase pronunciada por el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, resume el clima estratégico actual: “No estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz”.
La militarización del norte europeo
La militarización progresiva del norte europeo también tiene un fuerte componente psicológico y social. En ciudades como Helsingborg, donde la vida cotidiana siempre estuvo ligada al comercio y al tránsito permanente de ferris hacia Dinamarca, la presencia creciente de policías, militares y reuniones de alto nivel de la OTAN comenzó a modificar la percepción de seguridad de la población.
El Báltico se militariza, y Rusia desafía a la OTAN desde las sombras
Viejos búnkeres de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, dispersos sobre la costa sueca, vuelven a cobrar sentido en una Europa que creía haber dejado atrás la posibilidad de un conflicto en su territorio. El Báltico, que durante años fue visto como un espacio de cooperación regional, vuelve a convertirse en una frontera de tensión geopolítica.
Oresund, el corredor estratégico donde Rusia y la OTAN prueban su guerra híbrida
La disputa por Oresund refleja, en definitiva, cómo la guerra entre Rusia y Ucrania está redefiniendo no solo las fronteras militares de Europa, sino también sus rutas marítimas, su infraestructura crítica y la vida cotidiana de sociedades que durante décadas vivieron bajo la idea de una paz permanente. En el nuevo tablero estratégico europeo, los estrechos del norte dejaron de ser simples corredores comerciales para transformarse en uno de los principales termómetros de la confrontación entre Moscú y la OTAN.



