
Por perspectiva internacional
ONU, 25 de marzo de 2026
La ONU ante un momento histórico: América Latina y las mujeres lideran la carrera sucesoria
La disputa por la próxima Secretaría General de la ONU ha entrado en una etapa clave, marcada por tensiones geopolíticas, cálculos regionales y una novedad histórica posible: que, por primera vez, una mujer lidere el organismo multilateral más importante del mundo.
Bachelet y el factor femenino: claves de una elección decisiva en la ONU
La reciente decisión del gobierno chileno de retirar su apoyo a Michelle Bachelet no solo reconfigura el tablero, sino que vuelve a poner el foco en una elección que, aunque eclipsada por conflictos globales, será determinante para el futuro del multilateralismo.
Una carrera con sello latinoamericano y femenino
Cinco nombres compiten por suceder a António Guterres, y tres de ellos son mujeres, reflejando una presión creciente por romper el histórico techo de cristal en la ONU:
- Michelle Bachelet (Chile)
- Rebeca Grynspan (Costa Rica)
- Virginia Gamba (Argentina)
A ellas se suman:
- Rafael Grossi (Argentina)
- Macky Sall (Senegal)
La lógica de rotación geográfica —no escrita pero respetada— indica que América Latina tendría ventaja en esta ocasión, lo que explica la fuerte presencia regional. Sin embargo, esa misma abundancia de candidaturas ha sido utilizada como argumento por el gobierno de José Antonio Kast para retirar el respaldo a Bachelet, alegando “dispersión” y falta de viabilidad.
El veto silencioso de las grandes potencias
Más allá de los méritos individuales, la elección depende en gran medida del Consejo de Seguridad de la ONU, donde los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— tienen poder de veto.
En este contexto, Bachelet enfrenta obstáculos significativos:
- Tensiones con China por sus críticas a la situación de los uigures.
- Rechazo de sectores políticos en Estados Unidos, especialmente republicanos, por su postura en derechos reproductivos y sus críticas a Israel.
Estas resistencias ilustran una realidad clave: la Secretaría General no es solo un cargo técnico o diplomático, sino profundamente político.
Multilateralismo en crisis y disputa de modelos
La elección se produce en un contexto de debilitamiento del sistema multilateral. La política exterior de Donald Trump ha impulsado una visión más unilateral, evidenciada en:
- Retiro o distanciamiento de organismos internacionales.
- Deudas millonarias con el sistema de Naciones Unidas.
- Intentos de redefinir consensos globales, como el concepto de género.
Frente a esto, candidaturas como la de Bachelet se presentan como una apuesta por revitalizar la cooperación internacional. Su discurso enfatiza que la cooperación sigue siendo el principal instrumento para la paz y el desarrollo, en contraste con una lógica de poder más fragmentada.
Una elección que definirá el rumbo global
El proceso formal culminará en el tercer trimestre de 2026, tras la recomendación del Consejo de Seguridad y la votación en la Asamblea General. El mandato comenzará en 2027 y se extenderá hasta 2031.
Más allá de los nombres, lo que está en juego es el perfil del liderazgo global:
- ¿Un liderazgo político fuerte o uno más técnico y de consenso?
- ¿Una ONU alineada con las potencias o capaz de equilibrarlas?
- ¿La irrupción definitiva de una mujer en la cima del sistema internacional?
El futuro del multilateralismo se define en Nueva York
En un escenario marcado por guerras, tensiones geopolíticas y crisis de legitimidad, la próxima Secretaría General será mucho más que un relevo institucional: será una señal sobre el tipo de orden internacional que el mundo está dispuesto a construir.



