
Por perspectiva internacional
Washington, 4 de febrero de 2026
Elecciones de medio mandato: el plan de Trump para controlar el voto
A menos de un año de las elecciones legislativas de medio mandato, Donald Trump volvió a encender todas las alarmas en Washington. El presidente de Estados Unidos instó públicamente al Partido Republicano a avanzar sobre una de las bases históricas del sistema político estadounidense: el control descentralizado de los procesos electorales por parte de los Estados. Su propuesta, presentada sin rodeos, apunta a “nacionalizar” las elecciones con el objetivo explícito de influir en los comicios de noviembre, en los que se define el control del Congreso y, en buena medida, el futuro de su segundo mandato.
La democracia en la mira: buscan reescribir las reglas electorales
El planteo no es menor. En Estados Unidos, la Constitución establece que son los Estados quienes regulan y administran las elecciones. Este diseño descentralizado fue pensado como un resguardo frente a abusos de poder desde el Ejecutivo federal. Sin embargo, Trump parece dispuesto a forzar esos límites. En una entrevista con el podcaster ultraconservador Dan Bongino, el presidente llamó a los republicanos a “tomar el control de la votación” y a avanzar en una suerte de centralización del sistema electoral, una idea que choca de frente con el orden constitucional vigente.
La persistencia de la “gran mentira”
Las declaraciones de Trump no pueden entenderse sin su obsesión con el fraude electoral. Más de cinco años después de haber perdido las elecciones de 2020 frente a Joe Biden, sigue sosteniendo —sin pruebas— que fue víctima de un fraude masivo. Esa narrativa, conocida como la “gran mentira”, fue el combustible político del asalto al Capitolio en enero de 2021 y sigue siendo un pilar central del discurso del movimiento MAGA.
Estados Unidos ante un nuevo conflicto institucional por las reglas electorales
En esa misma lógica, Trump firmó meses atrás un decreto para imponer la obligatoriedad de presentar identificación para votar en todo el país y limitar el conteo de votos por correo. Ambas medidas fueron frenadas parcialmente por jueces federales, que cuestionaron su constitucionalidad. Aun así, el presidente insiste en que cualquier resistencia a estas reformas solo puede explicarse por la voluntad de “hacer trampa”, una acusación que dirige sistemáticamente contra el Partido Demócrata.
Georgia, el FBI y la presión federal
La tensión escaló aún más con la reciente intervención del FBI en un centro de escrutinio del condado de Fulton, en Georgia, uno de los territorios clave donde Trump intentó revertir su derrota en 2020. Allí se incautaron miles de papeletas en una operación inédita que contó con la participación directa de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard. Según reveló The New York Times, el propio Trump llamó a los agentes para agradecerles su accionar.
Elecciones bajo presión: el avance sobre las reglas del voto en EE. UU.
Paralelamente, la Casa Blanca exigió a los Estados que compartan sus datos electorales con el Gobierno federal. Al menos 24 se negaron, amparándose en la Constitución, y ahora esperan posibles demandas. El conflicto abre un escenario de choque institucional entre Washington y las administraciones estatales, con consecuencias imprevisibles.
Inmigración, conspiraciones y desgaste democrático
Otra de las obsesiones del trumpismo es la idea de que los inmigrantes indocumentados votan masivamente por los demócratas. Los datos oficiales desmienten esa narrativa: en Georgia, de ocho millones de votos emitidos en la última elección, solo 20 correspondieron a personas sin ciudadanía. Aun así, Trump insiste en vincular la “mayor deportación de la historia” con la supervivencia electoral del Partido Republicano.
Trump impulsa cambios y crecen las alarmas en Washington
Lejos de moderar el tono, el presidente fue más allá. Llegó a sugerir que las elecciones legislativas “no deberían celebrarse”, afirmó que se arrepiente de no haber usado a la Guardia Nacional para incautar urnas en 2020 y prometió represalias legales contra funcionarios que supervisaron aquellos comicios. Todo esto se suma a una larga lista de teorías conspirativas que involucran desde agencias de inteligencia estadounidenses hasta gobiernos extranjeros.
Un precedente peligroso
Más allá de si estas iniciativas prosperan o no, el impacto político ya es tangible. Trump no solo cuestiona los resultados electorales cuando le son adversos, sino que pone en duda las reglas mismas del sistema democrático estadounidense. En un país que durante décadas se presentó como garante global de la democracia liberal, el avance de este discurso autoritario no es un detalle interno: es una señal de alerta con implicancias globales.
La democracia estadounidense en jaque, de cara a noviembre
Las elecciones de noviembre no solo definirán mayorías parlamentarias. También pondrán a prueba la capacidad de las instituciones estadounidenses para resistir una ofensiva que, por primera vez en mucho tiempo, llega desde el propio poder ejecutivo.



