
Por perspectiva internacional
Lima,10 de marzo de 2026
Perú vota entre el miedo y la desconfianza: una campaña dominada por la inseguridad y la falta de propuestas
A pocas semanas de las elecciones presidenciales y legislativas del 12 de abril, la campaña electoral en Perú transcurre en medio de una profunda desafección ciudadana y una preocupante ausencia de propuestas estructurales. Mientras la inseguridad se consolida como la principal preocupación de la población, el debate público parece dominado por iniciativas llamativas o controversiales antes que por planes concretos para enfrentar los problemas de fondo del país.
36 candidatos, inseguridad creciente y un debate político sin rumbo
El contexto social y político en el que se desarrollan los comicios refleja una década de fuerte inestabilidad institucional. En los últimos diez años, ocho presidentes no lograron completar su mandato constitucional. Varios de ellos enfrentan investigaciones judiciales e incluso procesos de prisión preventiva, lo que ha erosionado profundamente la confianza de la ciudadanía en la clase política. Este deterioro institucional se traduce en una campaña electoral marcada por el escepticismo: una parte significativa del electorado duda de que el resultado de las elecciones pueda producir cambios reales.
La inseguridad como eje central
La violencia criminal se ha convertido en el tema dominante de la agenda pública. El inicio de 2026 estuvo marcado por un aumento alarmante de homicidios y por el asesinato recurrente de conductores del transporte público a manos de sicarios. Sin embargo, pese a la gravedad del fenómeno, los especialistas coinciden en que las propuestas de los candidatos carecen de profundidad técnica.
Entre propuestas polémicas y apatía ciudadana: así se perfila la elección presidencial
Entre quienes encabezan las encuestas se encuentran Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, ambos representantes de sectores conservadores. Sus planteamientos en materia de seguridad han captado la atención mediática, pero más por su tono provocador que por su viabilidad. Fujimori ha sugerido que los presos trabajen para pagar su propia alimentación en prisión —o que, de lo contrario, reciban una dieta mínima basada en papa y arroz—, mientras que López Aliaga ha planteado trasladar a criminales de alta peligrosidad a cárceles en la selva, donde incluso las serpientes formarían parte del sistema de seguridad.
Para varios analistas políticos, estas iniciativas responden más a una estrategia comunicacional que a una política pública viable. El objetivo sería transmitir la idea de mano dura y captar la atención del electorado en una campaña que no logra generar entusiasmo.
El “efecto Bukele” en la región
El endurecimiento del discurso sobre seguridad refleja también la influencia regional del modelo aplicado por Nayib Bukele en El Salvador, cuya política de encarcelamiento masivo contra las pandillas ha inspirado propuestas similares en varios países latinoamericanos. En Perú, ideas como la construcción de megacárceles, el despliegue de las Fuerzas Armadas en las calles o la ampliación del sistema penitenciario se repiten en múltiples plataformas partidarias.
inseguridad, desconfianza y una campaña dominada por el “mal menor”
Sin embargo, expertos advierten que el verdadero problema detrás de la inseguridad no es únicamente policial o carcelario, sino institucional. La corrupción dentro de la policía, el sistema judicial y el sistema penitenciario debilita la capacidad del Estado para enfrentar el crimen organizado, mientras que la fragilidad de las instituciones dificulta cualquier reforma duradera.
Una elección fragmentada y confusa
La complejidad del escenario electoral también contribuye al clima de apatía. En esta elección participan 36 candidatos presidenciales, una cifra que refleja la extrema fragmentación del sistema político peruano. Los votantes deberán además elegir representantes para el Congreso bicameral y el Parlamento Andino mediante una única y extensa cédula electoral, lo que podría generar confusión y aumentar la distancia entre la ciudadanía y la política.
Documentos de identidad a los fetos, una de las propuestas
La dispersión de candidaturas ha llevado a muchos aspirantes a centrarse en temas que generen impacto inmediato en la opinión pública. En ese contexto, debates morales o culturales han ganado protagonismo. Uno de los ejemplos más polémicos fue la propuesta de López Aliaga de otorgar documentos de identidad a los fetos, iniciativa que reavivó las discusiones sobre el aborto en un país mayoritariamente conservador.
Problemas estructurales fuera del debate
Mientras la campaña se concentra en temas simbólicos o polémicos, otros asuntos cruciales —como la educación, la salud, la sostenibilidad fiscal o la corrupción— apenas aparecen en el debate público. Incluso el manejo de las finanzas públicas, que ha sido clave para sostener la economía peruana durante los años de crisis política, carece de propuestas claras en la mayoría de los programas de gobierno.
Se elige en medio de la desconfianza: una elección fragmentada y sin respuestas estructurales
Los especialistas también advierten sobre la gravedad de la crisis de legitimidad institucional. El Congreso peruano registra niveles de aprobación cercanos al 7%, mientras que la presidencia ronda el 5%, cifras que reflejan un profundo desgaste del sistema político.
Un electorado indeciso
El escenario electoral sigue siendo altamente incierto. Según encuestas recientes, Fujimori lidera la intención de voto con poco más del 10%, dentro de un margen de error significativo. Además, cerca de un tercio de los votantes aún no ha decidido su elección.
Propuestas extremas y vacío programático marcan la campaña peruana
En este contexto, dos factores podrían resultar decisivos: el voto del sur del país —donde persiste un fuerte sentimiento de agravio político tras la crisis del gobierno de Dina Boluarte— y el tradicional “antivoto” peruano, que suele definir las segundas vueltas electorales.
Una elección sin entusiasmo: la crisis política condiciona la carrera presidencial
Como ha ocurrido en comicios anteriores, es probable que muchos ciudadanos terminen votando no por entusiasmo, sino por la opción que consideren “el mal menor”, reflejo de un sistema político que todavía lucha por recuperar la confianza de su propia sociedad.



