Perspectiva Internacional

Guerra abierta en Oriente Próximo: Estados Unidos e Israel lanzan una ofensiva para forzar un cambio de régimen en Irán

Por perspectiva internacional

Oriente Proximo, 28 de febrero de 2026

Ofensiva sin precedentes: EE UU e Israel buscan redefinir el equilibrio regional derribando a Teherán

La madrugada del 28 de febrero de 2026 marca un punto de inflexión en la historia contemporánea de Oriente Próximo. Ocho meses después del último enfrentamiento directo, Estados Unidos e Israel han lanzado una operación militar conjunta contra Irán con un objetivo explícito y hasta ahora inédito: derribar al régimen de la República Islámica.

La guerra que puede redibujar Oriente Próximo: ataque conjunto contra el régimen iraní

El presidente estadounidense, Donald Trump, definió el ataque como “masivo” y alentó abiertamente a los iraníes a “tomar el poder” una vez concluida la ofensiva. En la misma línea, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, habló de eliminar la “amenaza existencial” que representa Teherán. El mensaje coordinado no deja lugar a dudas: esta vez no se trata de una operación limitada ni de un intercambio calibrado de golpes, sino de una apuesta estratégica por rediseñar el mapa de poder regional.

Decapitación y disuasión

La primera oleada de bombardeos habría tenido como objetivo directo a la cúpula iraní, incluyendo al líder supremo, Ali Jamenei, y al presidente Masoud Pezeshkian. Aunque aún no hay confirmaciones independientes sobre su situación, el simbolismo del ataque es evidente: Washington y Jerusalén buscan una “decapitación” política y militar que acelere un colapso interno.

De la guerra encubierta al enfrentamiento abierto: Israel y EE UU cruzan el Rubicón en Irán

Trump prometió la “aniquilación” de la marina iraní y la destrucción definitiva de su programa nuclear y de misiles, reiterando que el objetivo es impedir que Irán alcance el arma nuclear. Pero al llamar públicamente a la población a sublevarse, el mandatario estadounidense cruzó una línea delicada del derecho internacional, acercándose a una estrategia clásica de cambio de régimen que recuerda a intervenciones pasadas en Irak o Libia.

La respuesta de Teherán y el riesgo regional

La reacción iraní no se hizo esperar. Misiles y drones fueron lanzados contra territorio israelí y contra instalaciones militares estadounidenses en el Golfo. Se reportaron explosiones en países como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin, donde operan bases norteamericanas. Israel declaró el estado de emergencia y cerró su espacio aéreo; Irak hizo lo propio.

El ataque a Irán y el riesgo de una guerra regional de alcance mundial

La escalada ya tiene consecuencias regionales inmediatas: interrupción de vuelos, pánico en los mercados energéticos y riesgo de involucramiento de actores aliados de Teherán, como Hezbolá en Líbano. Una guerra prolongada podría afectar gravemente el suministro global de petróleo y gas, impactando con fuerza en economías importadoras como las europeas y latinoamericanas.

El cálculo político de Netanyahu y Trump

La ofensiva también tiene una dimensión doméstica. Netanyahu enfrenta elecciones en octubre y encuestas desfavorables. Una victoria estratégica contra su principal enemigo regional podría reforzar su liderazgo y cohesionar a su base nacionalista y conservadora.

Trump, por su parte, consolida una línea dura en política exterior, coherente con su narrativa de fuerza y restauración del liderazgo estadounidense. Sin embargo, una campaña prolongada con bajas estadounidenses podría erosionar rápidamente el respaldo interno.

¿Un nuevo orden en construcción?

Desde la revolución islámica de 1979, la enemistad entre Israel e Irán ha sido estructural. Tras años de guerra encubierta —ciberataques, asesinatos selectivos, sabotajes—, este enfrentamiento abierto eleva la rivalidad a una fase existencial.

Golpe a Teherán: ¿inicio de un nuevo orden o antesala del caos?

Un eventual colapso del régimen iraní abriría interrogantes mayúsculos: ¿transición democrática, restauración monárquica en torno a figuras como Reza Pahlavi, fragmentación del país o guerra civil? Irán no es Irak: es una potencia regional con 90 millones de habitantes, fuerte identidad nacional y redes de influencia en todo Oriente Próximo.

Lo que está en juego no es solo el futuro de la República Islámica, sino el equilibrio entero de la región. Si la operación fracasa en su objetivo de provocar un quiebre interno, podría consolidar al régimen bajo una narrativa de resistencia nacional. Si tiene éxito, el vacío de poder podría desencadenar un período de inestabilidad prolongada.

Oriente Próximo en llamas: la ofensiva que pone en jaque la estabilidad global

Oriente Próximo vuelve así a situarse en una encrucijada histórica. Y el mundo observa, consciente de que esta vez no se trata de un episodio más de tensión cíclica, sino de un intento deliberado de redefinir el orden regional por la vía militar.