Perspectiva Internacional

El plan de EE. UU. para Ucrania sacude un G-20 marcado por ausencias clave

Johannesburgo, 22 de noviembre de 2025

Por Perspectiva Internacional

Un G-20 descafeinado: la propuesta de Washington para Ucrania domina la agenda global

La cumbre del G-20 en Johannesburgo, pensada como un espacio para impulsar las prioridades del Sur Global bajo la presidencia sudafricana, terminó convertida en el epicentro de un nuevo temblor geopolítico: el sorpresivo plan de Estados Unidos para Ucrania. La propuesta —elaborada en Washington sin participación europea ni ucraniana— empujó a los líderes de la Unión Europea y al presidente Volodímir Zelenski a activar consultas de urgencia en búsqueda de una respuesta coordinada.

Zelenski y la UE buscan frenar el ultimátum de EE. UU. en plena cumbre del G-20

Nada debe decidirse sobre Ucrania sin Ucrania”, afirmaron Ursula von der Leyen y António Costa tras reunirse con Zelenski. Paralelamente, el mandatario ucraniano mantuvo comunicaciones con París, Berlín y Londres, intentando sostener un frente diplomático común ante lo que percibe como un ultimátum de Donald Trump.

Un G-20 sin Trump, Putin ni Xi

La cumbre quedará registrada como una de las más atípicas en los 20 años del foro. Por primera vez en la historia, un presidente de Estados Unidos no asiste: Donald Trump decidió ausentarse y no enviar ni siquiera un representante, lo que complica cualquier intento de declaración conjunta, dado que el G-20 opera por consenso. Su argumento —una supuesta “persecución” contra los blancos en Sudáfrica— fue interpretado globalmente como un pretexto político.

La cumbre más débil del G-20: ausencias, tensiones y una agenda dominada por Washington

A las ausencias de Trump se sumaron las de Xi Jinping, Javier Milei y Claudia Sheinbaum. La de Xi genera especial desconcierto: con Washington fuera del terreno, Pekín tenía una oportunidad de ampliar protagonismo. En cambio, China envió al primer ministro Li Qiang. Rusia tampoco estuvo presente al más alto nivel: Putin volvió a evitar la escena internacional debido a la orden de arresto en su contra, y esta vez ni siquiera delegó la representación en el canciller Serguéi Lavrov.

Este paisaje de sillas vacías no solo resta peso político al foro, sino que refuerza la tendencia global hacia acuerdos bilaterales y dinámicas de poder más crudas, sin los espacios de coordinación que caracterizaron la etapa posterior a 2008.

Las prioridades del Sur Global y las tensiones internas

Sudáfrica había trabajado durante un año para centrar la agenda en temas urgentes para África y el Sur Global:

  • resiliencia climática,
  • sostenibilidad de la deuda de países de ingresos bajos,
  • financiamiento para una transición energética justa,
  • regulación inclusiva de minerales críticos.

Sin embargo, las divergencias entre miembros frenaron avances sustantivos. La UE presionó para incluir el problema de la sobrecapacidad industrial china, mientras que otros países priorizaron compromisos más fuertes en materia de transición energética, resistidos abiertamente por Arabia Saudí y Rusia.

Las tensiones también alcanzaron temas de género y derechos civiles, donde algunas resistencias internas —avivadas por el regreso de Trump y su impacto cultural global— complicaron cualquier lenguaje progresista.

¿Habrá declaración conjunta?

El cierre de la cumbre sigue envuelto en incertidumbre. Sudáfrica espera una declaración tradicional del G-20, pero Estados Unidos insiste en que el consenso es obligatorio. Para evitar un fracaso, se evalúa un formato intermedio: una “declaración de la cumbre del G-20”, firmada solo por los presentes. La alternativa —una declaración unilateral de la presidencia sudafricana— sería leída como un revés diplomático significativo.

Según fuentes citadas por Reuters, los negociadores han alcanzado un texto, aunque su contenido final y su forma de presentación aún no se conocen.

Un foro debilitado en un mundo más turbulento

El G-20 representa el 87% del PIB mundial y el 62% de la población. Desde la crisis de 2008, ha funcionado como uno de los principales mecanismos de coordinación global. Su parálisis actual refleja la transición hacia un orden internacional más fragmentado, donde las grandes potencias privilegian movimientos unilaterales y presión bilateral sobre los espacios multilaterales.

El plan estadounidense para Ucrania abre una grieta diplomática en Johannesburgo

La irrupción del plan estadounidense para Ucrania —fuera del consenso europeo, sin participación de Kiev y presentado en un contexto de ausencias masivas— es síntoma y acelerador de esa misma dinámica.

Sudáfrica quería hablar de clima y deuda, pero el G-20 terminó atrapado por Ucrania

Johannesburgo buscaba consolidar la voz del Sur Global. Pero lo que dejó la cumbre es otra imagen: un mundo donde incluso los foros más amplios ya no alcanzan para frenar la inercia de la geopolítica de fuerza.