
Por Perspectiva Internacional
Bogotá, febrero de 2026
Entre secuestros y urnas: la inseguridad redefine la campaña colombiana
La campaña electoral en Colombia ha entrado en una fase imprevisible donde la violencia armada, las decisiones judiciales y la disputa por el salario mínimo conviven en un mismo escenario. A menos de un mes de las elecciones legislativas del 8 de marzo y a tres meses de la primera vuelta presidencial, el país enfrenta una combinación explosiva: inseguridad territorial, polarización ideológica y una izquierda dividida frente a una derecha que intenta capitalizar el descontento.
La política bajo fuego: seguridad y miedo marcan la elección en Colombia
El secuestro y posterior liberación de la senadora indígena Aída Quilcué en el Cauca recordó brutalmente que la violencia sigue siendo un factor estructural en la política colombiana. Aunque apareció con vida horas después, el mensaje fue contundente: ni siquiera figuras con escoltas están completamente a salvo en un país donde múltiples actores armados mantienen control territorial en amplias zonas.
La tensión se produce en un contexto todavía marcado por el asesinato en 2025 del senador y aspirante presidencial Miguel Uribe Turbay, un hecho que dejó una huella profunda en la opinión pública y reavivó el temor a una escalada de violencia política.
Seguridad y “sed de orden”
Según la Misión de Observación Electoral, más de 170 municipios presentan algún nivel de riesgo electoral, y en 81 el riesgo es extremo. La inseguridad no se limita al conflicto armado tradicional: extorsiones, robos y control criminal alimentan una sensación generalizada de vulnerabilidad.
El dilema colombiano en un clima de violencia creciente
En este clima emerge una narrativa de “mano dura” que beneficia a sectores de derecha. La promesa de más fuerza pública, menos negociaciones con grupos armados y políticas de seguridad contundentes encuentra eco en un electorado cansado de la incertidumbre. Es un terreno históricamente favorable para el uribismo y sus aliados.
Para el presidente Gustavo Petro, en cambio, la situación es más compleja. Su política de “paz total” no ha logrado avances visibles en la recuperación territorial ni en la reducción sostenida de la violencia. A ello se suma el desgaste natural de gobierno y, sobre todo, la fractura interna del progresismo.
El salario mínimo: giro inesperado del debate
Cuando la violencia parecía monopolizar la agenda, un fallo judicial alteró el eje de la campaña: la suspensión temporal del aumento del salario mínimo del 24% decretado por el Ejecutivo.
Salario, seguridad y poder: los tres ejes de la contienda en Colombia
Paradójicamente, la decisión no debilitó automáticamente al oficialismo. La izquierda encontró un nuevo eje de movilización en defensa del poder adquisitivo, mientras que la derecha sorprendió al respaldar públicamente que los empresarios mantengan el incremento, prometiendo compensaciones fiscales.
Cuando el bolsillo pesa más que las balas: el nuevo eje del debate colombiano
El bolsillo desplazó momentáneamente a la seguridad como tema central. En un país con alta informalidad laboral, el salario mínimo tiene un peso simbólico enorme, incluso entre quienes no lo perciben directamente. La disputa ya no es solo por el orden, sino también por quién protege mejor el ingreso real frente a la inflación y la incertidumbre económica.
Una izquierda fracturada
El tablero político se complejiza con la exclusión del senador Iván Cepeda de la consulta interna de la izquierda por decisión del Consejo Nacional Electoral. Aunque podrá competir en la primera vuelta, su salida de la primaria altera la estrategia progresista y profundiza divisiones.
Una campaña imprevisible: fracturas internas y reconfiguración del mapa político
En la consulta oficialista el favorito es Roy Barreras, figura pragmática y hábil operador político, mientras Cepeda representa el ala más ideológica y cercana al proyecto original de Petro. Esta fractura amenaza con dispersar el voto progresista en la primera vuelta.
Izquierda dividida, derecha en ascenso: la elección más abierta en años en Colombia
Del otro lado, la derecha parece más ordenada. Todo indica que Paloma Valencia, respaldada por el expresidente Álvaro Uribe, podría imponerse en su consulta y consolidar un bloque unificado.
Entre los candidatos con mayor intención de voto figuran también Abelardo de la Espriella, con un discurso de ultraderecha inspirado en modelos de liderazgo fuerte, y Sergio Fajardo, quien intenta nuevamente abrir un espacio de centro moderado.
Una elección abierta y volátil
Las encuestas registran un 11% de indecisos, pero los analistas estiman que el voto verdaderamente volátil podría alcanzar entre el 30% y el 40%. Más que indecisión, hay disponibilidad: un electorado dispuesto a moverse según el clima político, los episodios de violencia o los resultados de las consultas interpartidistas de marzo.
Colombia 2026: violencia persistente y un tablero electoral sin favoritos claros
El 8 de marzo será un termómetro clave. No solo se renovará el Congreso, sino que se definirán los candidatos de las principales coaliciones. En un escenario marcado por sobresaltos constantes, cada semana —y a veces cada día— reconfigura las alianzas y las narrativas.
La pulseada colombiana que observa América Latina
Colombia llega así a una de las elecciones más abiertas de los últimos años. Con la izquierda dividida, una derecha que capitaliza la demanda de orden y un electorado altamente volátil, el desenlace permanece incierto. En este tablero cambiante, violencia y economía compiten por definir el ánimo de una sociedad que aún busca estabilidad política y seguridad cotidiana.



