Por perspectiva internacional

La Paz, 29 de diciembre de 2025
De aliados a adversarios: la implosión del poder en Bolivia
La política boliviana atraviesa un nuevo episodio de inestabilidad institucional tras la ruptura pública entre el presidente Rodrigo Paz y su vicepresidente, Edmand Lara. A menos de dos meses de la investidura presidencial del 8 de noviembre, el segundo mandatario se declaró abiertamente en la oposición, calificándose como una “oposición constructiva” y endureciendo su discurso con acusaciones directas de corrupción, mentira y sometimiento a intereses económicos contra el jefe de Estado.
Subsidios, protestas y poder: el decreto que detonó la crisis política en Bolivia
El quiebre se produce en un contexto de fuerte tensión social, marcado por la promulgación del decreto 5503, que declara la emergencia económica y elimina la subvención a los combustibles. La medida, defendida por el Ejecutivo como inevitable para estabilizar las cuentas públicas, provocó un aumento superior al 160% en el precio del diésel, con impacto directo en los costos de producción y en los precios de la canasta básica. Lara intentó frenar el decreto desde el Parlamento —que preside constitucionalmente— y, tras fracasar, optó por capitalizar el descontento social desde las redes sociales, alentando movilizaciones y denunciando lo que denominó un “decreto del hambre y del desempleo”.
Fractura en la cúpula del poder en Bolivia y nuevo escenario de incertidumbre
La fractura no sorprendió a la opinión pública. El binomio Paz–Lara fue una alianza circunstancial, armada a último momento luego de la renuncia del candidato original a la vicepresidencia. Lara, ex policía sin trayectoria partidaria tradicional, construyó su figura política denunciando corrupción institucional y reivindicando su origen popular, en contraste con la extensa carrera política y el linaje histórico del presidente, heredero de una de las familias más influyentes de la política boliviana desde el retorno de la democracia.
Una alianza efímera: porque se rompió el binomio que gobierna Bolivia
Analistas locales interpretan el conflicto como el choque de dos modelos de liderazgo. Mientras Paz encarna un perfil tecnocrático y reformista, orientado a la gobernabilidad mediante alianzas con sectores empresariales y políticos tradicionales, Lara se posiciona como un dirigente de corte caudillista, con capacidad de movilización social y un discurso confrontativo que apela a la polarización entre élites y sectores populares. Esta dinámica reproduce, aunque con nuevos actores, lógicas políticas arraigadas durante los años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).
Vicepresidencia en rebeldía: Lara desafía a Paz y sacude al Gobierno
La disputa también revela tensiones institucionales dentro del Ejecutivo. La creación de nuevas atribuciones para el Viceministerio de Coordinación Legislativa, dependiente del Ministerio de la Presidencia, fue interpretada por el entorno de Lara como un intento de vaciar de poder a la vicepresidencia. El conflicto escaló con protestas de simpatizantes del vicepresidente y acusaciones de “golpe institucional”, profundizando la crisis interna del Gobierno.
Cuando el poder se quiebra desde adentro: el caso boliviano
Sin embargo, el intento de Lara por erigirse como referente del bloque nacional-popular enfrenta límites evidentes. Su estilo confrontativo, las controversias personales y la falta de una estructura política sólida dificultan la consolidación de una alternativa clara en un escenario marcado por la fragmentación. A la vez, la ausencia de un liderazgo indiscutido en el campo popular mantiene vigente la figura de Evo Morales, quien anunció su regreso a la competencia política en las próximas elecciones subnacionales.
Emergencia económica y crisis política: Bolivia frente a un nuevo ciclo de conflictividad
La ruptura entre Paz y Lara no solo debilita al Ejecutivo, sino que anticipa una reconfiguración más amplia del sistema político boliviano en la etapa posterior a la caída del MAS. En un país atravesado por tensiones sociales, económicas y territoriales, el conflicto en la cúpula del poder expone la fragilidad de las alianzas electorales y plantea interrogantes sobre la capacidad del Gobierno para sostener la gobernabilidad en un contexto de creciente polarización.



