Perspectiva Internacional

Argentina se aleja del multilateralismo y debilita su política de derechos humanos

Argentina se aleja del multilateralismo, debilitando su política de derechos humanos y su influencia en la escena internacional.

Argentina y multilateralismo

Argentina y multilateralismo han sido aliados históricos, pero esa relación se encuentra en crisis. El país se ha alejado de foros clave como el Consejo de Derechos Humanos, debilitando su política de derechos humanos y su presencia internacional. Esta decisión no solo afecta su prestigio global, sino también su capacidad para garantizar derechos en el ámbito interno. Al replicar decisiones de potencias extranjeras, Argentina renuncia a una tradición diplomática que la había posicionado como referente en la defensa de los derechos humanos.

Impacto interno y pérdida de coherencia institucional

Argentina y multilateralismo son dos conceptos históricamente vinculados, pero el país decidió distanciarse del segundo. La salida del Consejo de Derechos Humanos no solo tiene implicancias internacionales; también repercute dentro del país. A lo largo del tiempo, Argentina incorporó múltiples tratados internacionales de derechos humanos a su Constitución y construyó una narrativa estatal basada en memoria, verdad y justicia. Esa coherencia entre su política interna y su accionar exterior fue clave para consolidar su prestigio global. Al alejarse de los espacios donde se actualizan estos marcos normativos, pierde incidencia mundial y debilita herramientas para garantizar derechos en su territorio. Amnistía Internacional advirtió sobre esta contradicción. El desinterés del gobierno por el multilateralismo puede traducirse en una forma de desprotección ciudadana. Además, crece la percepción de que la decisión no responde a una evaluación soberana, sino a un alineamiento con Estados Unidos e Israel. Más que una estrategia nacional, representa una renuncia a la diplomacia argentina, que hizo de la defensa de los derechos humanos una política de Estado.

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El costo de romper consensos internacionales

En el escenario diplomático global, construir consensos es un proceso lento pero esencial para sostener legitimidad y respaldo internacional. El multilateralismo no solo permite garantizar derechos, también fortalece alianzas y otorga apoyo en contextos críticos. Romper con esos acuerdos, como ocurrió cuando Argentina se opuso a una resolución casi unánime sobre violencia de género digital, coloca al país en una posición incómoda. Cuestiona principios ampliamente compartidos sin proponer alternativas claras. Esta postura puede interpretarse como un acto de aislamiento voluntario que limita la posibilidad de generar apoyo externo en momentos de crisis. Además, al seguir los pasos de potencias con mayor peso geopolítico, Argentina corre el riesgo de ser vista no como un socio confiable, sino como un actor subordinado en la escena internacional.

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Una política exterior que erosiona el interés nacional

Alinearse con las agendas exteriores de países como Estados Unidos e Israel puede ofrecer beneficios simbólicos en el corto plazo. Sin embargo, a mediano y largo plazo, genera desequilibrios profundos. Mientras Washington conserva capacidad de influir sobre organismos internacionales y reinsertarse en ellos cuando le conviene, y Tel Aviv cuenta con una diplomacia sólida basada en alianzas estratégicas, Argentina carece de esos recursos. Su peso en la arena internacional depende, en gran parte, de su participación activa y constante en espacios multilaterales. Al abandonar esos foros, el país se debilita frente a actores con mayor capacidad de presión y se excluye de los ámbitos donde se definen reglas que luego afectan su política interna. Esta elección, lejos de fortalecer el interés nacional, lo deja más expuesto.

Una oportunidad perdida para sostener protagonismo global

La presidencia de Argentina en el Consejo de Derechos Humanos durante 2022 marcó un punto alto en su trayectoria diplomática. En lugar de aprovechar ese logro para consolidar su liderazgo, el país ha optado por retirarse, perdiendo así el capital político acumulado durante años. En vez de avanzar sobre esa base, el gobierno actual ha elegido retroceder, replicando decisiones de potencias que pueden darse ese lujo sin poner en riesgo su influencia. Argentina, por el contrario, parece no dimensionar cuánto afecta este retiro a su prestigio, a su capacidad de incidir en el plano internacional y a la protección de sus propios ciudadanos. En un mundo cada vez más interconectado y desafiante, renunciar al multilateralismo no solo resulta un error estratégico: también es una forma de abdicar de su papel en la construcción del orden global.

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