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Brasil: el Centrão juega a dos puntas y se reserva la llave del próximo Gobierno

Por Perspectiva internacional

Brasil, 24 de agosto de 2026

Los grandes partidos del centro brasileño decidieron no tomar partido, por ahora, entre Lula y Flávio Bolsonaro. La neutralidad no es una señal de indiferencia: es la expresión de un Congreso cada vez más poderoso, capaz de negociar con cualquier presidente y de condicionar su agenda de gobierno.

Brasil se encamina hacia unas elecciones presidenciales particularmente disputadas. De un lado, Luiz Inácio Lula da Silva busca un nuevo mandato al frente de una amplia coalición progresista. Del otro, Flávio Bolsonaro intenta recuperar para el bolsonarismo el poder que su padre perdió frente al líder del Partido de los Trabajadores.

Pero mientras la disputa presidencial comienza a polarizarse entre ambos nombres, una parte decisiva del sistema político brasileño ha optado por mantenerse al margen.

El Centrão brasileño se declara neutral y se convierte en árbitro de la elección

El llamado Centrão, esa amplia constelación de partidos de centro y centroderecha caracterizados por su pragmatismo y su capacidad de negociación, decidió no comprometerse anticipadamente con ninguno de los dos principales candidatos.

El Movimiento Democrático Brasileño (MDB), PSDB/Cidadania, Progressistas, União Brasil, Republicanos y Podemos resolvieron no presentar un candidato propio ni respaldar públicamente a Lula o a Flávio Bolsonaro. Se trata de una decisión políticamente significativa porque esos espacios cuentan con una importante representación parlamentaria y porque algunos de sus dirigentes ocupan las presidencias de las dos Cámaras del Congreso.

La señal es clara: el Centrão no quiere apostar por un candidato; quiere conservar capacidad de negociación con quien resulte vencedor.

El pragmatismo como estrategia de poder

El fenómeno no es nuevo en la política brasileña. El Centrão construyó durante décadas su influencia a partir de una lógica esencialmente pragmática. Sus partidos pueden ser conservadores en cuestiones sociales, liberales en materia económica y, al mismo tiempo, extremadamente flexibles a la hora de establecer alianzas.

Su principal objetivo no suele ser definir quién ocupa el Palacio del Planalto, sino garantizar capacidad de influencia sobre quien lo ocupe.

La diferencia respecto de elecciones anteriores es que hoy esa estrategia cuenta con una herramienta mucho más poderosa: un Congreso que ha aumentado considerablemente su capacidad para decidir sobre los recursos públicos y condicionar las políticas del Ejecutivo.

Las denominadas enmiendas parlamentarias permitieron a los legisladores controlar una proporción cada vez mayor del presupuesto. El volumen de recursos bajo decisión parlamentaria pasó de unos pocos millones de dólares en 2015 a cerca de 9.000 millones en la actualidad.

Esto modificó sustancialmente la relación de fuerzas entre el Ejecutivo y el Legislativo.

El Congreso brasileño gana poder mientras el Centrão espera al próximo presidente

Durante buena parte de la historia brasileña, el presidente necesitaba construir una mayoría parlamentaria para gobernar. Ahora, esa dependencia se ha vuelto más compleja: los diputados y senadores también disponen de recursos y herramientas que les permiten construir su propia base política sin depender completamente del Gobierno federal.

El resultado es un presidencialismo menos dominante y un Congreso con mayor autonomía.

Lula ya conoce las dificultades

Lula conoce bien esta realidad.

En las elecciones de 2022 consiguió imponerse a Jair Bolsonaro por apenas 1,8 puntos porcentuales, en la elección presidencial más ajustada de la historia democrática brasileña. Sin embargo, el resultado produjo un Congreso claramente inclinado hacia la derecha.

El Partido Liberal de Bolsonaro se convirtió en la principal fuerza parlamentaria, mientras que el PT quedó en segundo lugar.

El Centrão, el gran ganador antes de que empiece la elección

Desde entonces, buena parte de las iniciativas del Gobierno de Lula han requerido complejas negociaciones con sectores del centro y de la derecha. La aprobación de cada reforma se convirtió, en muchos casos, en una negociación política y presupuestaria.

Por eso, el actual escenario electoral presenta una paradoja.

Lula puede ganar la elección presidencial y, al mismo tiempo, volver a encontrarse con un Congreso que no responde políticamente a su proyecto.

La experiencia de los últimos cuatro años demuestra que ganar el Planalto no garantiza disponer del poder suficiente para gobernar.

La neutralidad también es una apuesta

La decisión del Centrão de permanecer neutral no significa que sus dirigentes sean indiferentes respecto de quién gane.

Todo lo contrario.

La neutralidad les permite mantener abiertas simultáneamente las dos puertas.

Si Lula logra imponerse, los partidos del centro podrán negociar con un presidente que necesitará construir mayorías parlamentarias.

Si Flávio Bolsonaro consigue derrotarlo, podrán hacer lo mismo con el nuevo Gobierno.

En ambos escenarios, el Centrão conserva algo que considera fundamental: capacidad de negociación.

El árbitro silencioso de la elección brasileña

Esta estrategia también explica por qué el centro político brasileño evita comprometerse demasiado pronto. Las encuestas muestran desde hace meses a Lula y Flávio Bolsonaro claramente por delante de los demás candidatos y, más recientemente, una disputa mucho más equilibrada entre ambos.

En ese contexto, apostar anticipadamente por uno de los dos sería asumir un riesgo innecesario.

El Centrão prefiere esperar.

Y esperar, en este caso, es también una forma de poder.

Lula busca recuperar al electorado moderado

Para Lula, la neutralidad del centro puede representar tanto una amenaza como una oportunidad.

Por un lado, pierde la posibilidad de contar con un respaldo político organizado que facilite su relación con el Congreso.

Pero, por otro, la ausencia de un candidato presidencial fuerte del centro abre espacio para que Lula intente conquistar directamente a ese electorado.

El presidente parece haber elegido esa estrategia.

La repetición de la fórmula con Geraldo Alckmin como vicepresidente es una de sus principales herramientas. Alckmin representa una derecha democrática y moderada que durante años fue adversaria del PT y que ahora forma parte de la coalición de Gobierno.

La alianza tiene una función política evidente: ampliar el campo electoral de Lula más allá del electorado tradicional del PT y reducir el rechazo que todavía genera el partido entre sectores conservadores y de clase media.

Una elección entre dos proyectos de país

El objetivo es presentar la elección no solamente como una disputa entre izquierda y derecha, sino como: el regreso del bolsonarismo o la continuidad de una coalición democrática encabezada por Lula.

Flávio Bolsonaro y el desafío de reconstruir la derecha

Del otro lado, Flávio Bolsonaro enfrenta una tarea igualmente compleja.

El apellido Bolsonaro continúa siendo una fuerza electoral considerable, pero el bolsonarismo necesita ampliar su base para derrotar a Lula.

Para conseguirlo, necesita atraer a sectores que pueden compartir algunas de sus posiciones económicas o conservadoras, pero que no necesariamente están dispuestos a acompañar nuevamente una política de confrontación permanente.

Ahí aparece nuevamente el Centrão.

Su decisión de mantenerse neutral puede ser interpretada como una advertencia al candidato bolsonarista: el apoyo del centro no será gratuito ni automático.

Los partidos pragmáticos quieren garantías, espacios de poder, recursos y capacidad de influencia. Y pretenden obtenerlos del próximo presidente, cualquiera sea su identidad política.

La elección que puede decidirse también en el Congreso

Existe, además, un aspecto que suele quedar relegado frente al protagonismo de la elección presidencial.

Los brasileños no elegirán solamente presidente.

También elegirán diputados y senadores, y esa composición parlamentaria será fundamental para determinar qué podrá hacer el próximo Gobierno.

El Centrão se mantiene neutral y prepara su negociación con el próximo presidente

La experiencia reciente demuestra que la elección legislativa puede ser incluso más determinante para la gobernabilidad que la diferencia entre los candidatos presidenciales.

Un Lula reelegido con un Congreso fuertemente conservador podría encontrarse nuevamente obligado a negociar cada reforma.

Un eventual Gobierno de Flávio Bolsonaro también necesitaría construir acuerdos con fuerzas que no necesariamente comparten su programa ideológico.

En ambos casos, el Centrão tendría nuevamente la posibilidad de convertirse en árbitro del sistema político.

El nuevo equilibrio de poder brasileño

Lo que está ocurriendo en Brasil revela una transformación más profunda de su sistema político.

Durante décadas, la figura presidencial concentró buena parte del poder institucional. Hoy ese modelo se encuentra más equilibrado por un Congreso que controla mayores recursos, posee una fuerte autonomía política y dispone de una capacidad creciente para condicionar al Ejecutivo.

La neutralidad del Centrão es, en este sentido, algo más que una estrategia electoral.

Es la manifestación de un nuevo equilibrio de poder.

La paradoja brasileña: todos quieren ganar la Presidencia, pero el poder también está en el Congreso

El mensaje de los partidos del centro parece ser: no necesitamos decidir quién será presidente para garantizar nuestra influencia sobre el próximo Gobierno.

Y eso modifica las reglas del juego.

La elección presidencial será en las urnas, pero la gobernabilidad se decidirá en el Congreso

Brasil se encamina así hacia una elección que probablemente será definida por la polarización entre Lula y el candidato bolsonarista, pero cuya gobernabilidad podría depender de aquellos partidos que hoy se niegan a elegir entre ellos.

El próximo presidente tendrá que ganar las elecciones.

Pero después deberá ganar también al Congreso.

Y en esa segunda batalla, el Centrão volverá a tener una de las cartas más importantes de la baraja.