Por Perspectiva Internacional

Buenos Aires, 23 de abril de 2026
China avanza, Occidente retrocede
En un contexto global marcado por la incertidumbre, los conflictos geopolíticos y la reconfiguración del poder internacional, América Latina vuelve a ocupar un lugar central en la competencia entre potencias. Un reciente informe del AMLAT Radar 2026 revela un giro significativo en la percepción regional: China consolida su prestigio, mientras Estados Unidos y Europa enfrentan un marcado deterioro de su imagen.
China gana terreno en la región mientras Estados Unidos pierde influencia
El dato no es menor. En apenas cuatro años, la valoración positiva de China en América Latina ha crecido de manera sostenida, en contraste con una fuerte caída en la percepción de Estados Unidos —especialmente durante el segundo mandato de Donald Trump— y un progresivo desgaste de Europa como actor relevante. Este cambio no solo refleja una cuestión de imagen, sino una transformación más profunda en las expectativas, prioridades y alianzas de la región.
El atractivo pragmático de China
Lejos de ser percibida como una amenaza, China aparece ante los latinoamericanos como una alternativa pragmática de desarrollo. Su modelo, asociado a la inversión en infraestructura, la innovación tecnológica y la expansión comercial, resulta cada vez más atractivo para sociedades que buscan crecimiento económico sostenido y modernización.
China seduce a América Latina con desarrollo mientras EE.UU. pierde atractivo
La presencia cotidiana de empresas y productos chinos —desde plataformas digitales hasta vehículos eléctricos— es apenas la cara visible de un proceso más amplio: en las últimas dos décadas, China se ha convertido en el principal socio comercial de Sudamérica. Este vínculo económico se traduce ahora en capital simbólico y político.
Además, el gigante asiático lidera las preferencias como modelo de desarrollo, superando incluso a Estados Unidos. La figura de Xi Jinping, aunque no exenta de desconfianza, no carga con el mismo rechazo que otros líderes globales, lo que evidencia una percepción más matizada y menos ideologizada.
Estados Unidos: poder duro, prestigio en declive
En contraste, Estados Unidos continúa siendo visto como una potencia militar y económica, pero su capacidad de influencia positiva se encuentra erosionada. Las políticas exteriores recientes, caracterizadas por una retórica confrontativa y acciones unilaterales, han dejado una huella negativa en la región.
Trump concentra altos niveles de desconfianza
La percepción de intervencionismo —desde presiones electorales hasta acciones militares y sanciones— refuerza una narrativa histórica que muchos países latinoamericanos no han olvidado. En este sentido, el liderazgo de Trump concentra altos niveles de desconfianza, superando incluso a figuras como Vladimir Putin o Nicolás Maduro.
El resultado es claro: aunque Estados Unidos sigue siendo un actor central, su legitimidad como socio estratégico está en cuestión.
Europa: entre el prestigio histórico y la irrelevancia futura
Europa, por su parte, enfrenta un desafío distinto pero igualmente preocupante. Si bien mantiene cierto reconocimiento —con países como España y Alemania aún bien valorados—, su imagen aparece asociada al pasado más que al futuro.
Factores como la guerra en Ucrania, las tensiones internas y la falta de una política exterior cohesionada hacia América Latina han contribuido a esta percepción. Incluso avances significativos como el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur parecen no haber logrado revertir la sensación de distancia y falta de dinamismo.
Una región que redefine sus alianzas
El informe también deja en evidencia que América Latina no se alinea de manera automática con ninguna potencia. Por el contrario, emerge una lógica más pragmática y diversificada, donde los países buscan maximizar beneficios en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
El pragmatismo latinoamericano impulsa el ascenso de China
Casos como Brasil —con una diplomacia activa pero cuestionada internamente—, México —donde crece el rechazo a la influencia estadounidense— o Chile —marcado por tensiones sociales vinculadas a la inmigración— reflejan la heterogeneidad de la región.
Incluso en países con fuertes vínculos históricos con Washington, como Colombia o México, la percepción de Estados Unidos como “patio trasero” genera resistencias crecientes.
América Latina como escenario clave del siglo XXI
Lo que está en juego no es solo una disputa de imagen, sino la configuración de un nuevo orden global. América Latina, con sus recursos naturales, su potencial energético y su peso demográfico, se posiciona como un territorio estratégico en la competencia entre grandes potencias.
El nuevo mapa del poder en América Latina: auge chino y desgaste occidental
China parece haber comprendido mejor esta dinámica, apostando por una inserción gradual pero sostenida. Estados Unidos, en cambio, enfrenta el desafío de reconstruir su legitimidad en una región que ya no responde automáticamente a su influencia. Europa, por su parte, deberá redefinir su rol si pretende seguir siendo relevante.
Nuevas lealtades en el sur global: América Latina en transición
En este nuevo tablero global, América Latina ya no es un actor pasivo. Es, cada vez más, un espacio de disputa donde se define parte del equilibrio de poder del siglo XXI.



