
Por Perspectiva Internacional
Washington / Moscú –5 Febrero de 2026
El fin del control atómico entre Estados Unidos y Rusia
El vencimiento del New START, el último tratado de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, marca un punto de inflexión inquietante para la seguridad global. Tres décadas después del final de la Guerra Fría, la arquitectura que buscó limitar el poder destructivo de las grandes potencias nucleares se queda sin su último pilar, abriendo la puerta a una nueva carrera armamentista atómica en un contexto internacional ya atravesado por tensiones múltiples.
Se apaga el último freno nuclear entre Washington y Moscú
El Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev y renovado en 2021 por cinco años, establecía un tope de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada país, además de límites a misiles intercontinentales, bombarderos pesados y lanzaderas. Pero su valor no residía solo en los números: el acuerdo habilitaba inspecciones mutuas y mecanismos de verificación que garantizaban transparencia, previsibilidad y comunicación directa entre Washington y Moscú.
El final del pacto nuclear y el fracaso del orden post–Guerra Fría
Ese sistema se desmorona ahora sin que haya negociaciones a la vista para reemplazarlo. Antes del New START ya habían caído otros acuerdos clave, como el tratado sobre misiles antibalísticos (ABM) y el de fuerzas nucleares de alcance intermedio (INF). La consecuencia es clara: por primera vez desde principios de los años noventa, no existe ningún marco formal que limite los arsenales nucleares de las dos mayores potencias atómicas del planeta.
Un momento especialmente delicado
La expiración del tratado llega, además, en un momento especialmente delicado. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el mundo atraviesa una etapa de expansión y modernización de los arsenales nucleares. Actualmente existen más de 12.200 ojivas, de las cuales unas 9.600 están operativas. Entre el 80% y el 90% de ese arsenal pertenece a Estados Unidos y Rusia, que incluso sin el New START ya superan las 1.700 ojivas desplegadas cada uno.
Sin límites ni inspecciones: el vacío que deja el último tratado nuclear
Si bien algunos analistas consideran probable que ambas potencias mantengan de facto los límites del tratado en el corto plazo —para evitar una escalada abrupta—, la ausencia de inspecciones y verificación genera un escenario de desconfianza estructural. Sin transparencia, cada parte tiende a asumir el peor escenario posible, alimentando dinámicas de disuasión cada vez más inestables.
La bomba vuelve a escena: el fin del último pacto nuclear
El conflicto en Ucrania terminó de erosionar el acuerdo. En 2023, Moscú suspendió su participación en el New START como respuesta al apoyo militar de Washington a Kiev, y desde entonces se multiplicaron las amenazas retóricas sobre el uso de armas nucleares. Aunque no se tradujeron en hechos concretos, dejaron en evidencia lo frágil del equilibrio.
Estados Unidos, Rusia y China: el triángulo imposible del desarme nuclear
A este panorama se suma un actor clave: China. Para Estados Unidos, cualquier nuevo acuerdo de control de armas debería incluir a Pekín, al que considera su principal rival estratégico a largo plazo. El problema es que China rechaza esa lógica. Con un arsenal estimado en unas 600 ojivas —muy inferior al de Washington y Moscú—, el gobierno chino sostiene que primero deben ser las grandes potencias nucleares las que reduzcan drásticamente sus arsenales antes de avanzar hacia un esquema multilateral.
Rápido crecimiento del arsenal chino
Sin embargo, el rápido crecimiento del arsenal chino, con un ritmo de producción que supera el centenar de ojivas anuales, preocupa al Pentágono. La falta de consensos hace que un tratado trilateral entre Estados Unidos, Rusia y China sea, al menos por ahora, altamente improbable.
El regreso de la incertidumbre nuclear
El resultado de esta combinación es un mundo más imprevisible y potencialmente más peligroso. Como advierten especialistas del SIPRI, a la carrera armamentista “cualitativa” —mejores sistemas, mayor precisión, nuevas tecnologías— podría sumarse ahora una carrera “cuantitativa”, sin límites ni reglas claras.
El reloj avanza: sin tratado nuclear, el riesgo global aumenta
No es casual que el Reloj del Juicio Final, elaborado por el Boletín de los Científicos Atómicos, marque hoy 85 segundos para la medianoche, la distancia más corta jamás registrada hasta la catástrofe global. Entre los factores que explican esa alarma figura, sin dudas, la desaparición del New START.
Nucleares sin control: rivalidad entre potencias y un orden en descomposición
El final del tratado no implica un rearme automático ni inmediato, pero sí señala algo más profundo: la renuncia progresiva a la idea de que incluso los rivales estratégicos necesitan reglas comunes para evitar la destrucción mutua. En un mundo atravesado por guerras regionales, rivalidades entre grandes potencias y crisis de gobernanza global, el regreso del fantasma nuclear deja de ser una metáfora del pasado y vuelve a instalarse como una amenaza concreta del presente.