
Por perspectiva internacional
Washington ,25 de noviembre de 2025
Celebrar se volvió un lujo: migración y poder en Estados Unidos
Para miles de familias migrantes en Estados Unidos, la Navidad dejó de ser sinónimo de celebración. En su lugar, se convirtió en una fecha atravesada por el miedo, la espera judicial y la posibilidad siempre latente de la deportación. La ofensiva antimigrante impulsada por el Gobierno de Donald Trump no solo reconfiguró la política fronteriza estadounidense en 2025, sino que también impactó de lleno en la vida cotidiana de quienes, lejos de su país de origen, intentan construir un futuro en un contexto de creciente hostilidad institucional.
Navidad sin abrazos: el drama de los migrantes bajo la ofensiva del ICE
Las historias se repiten en distintos puntos del país: padres detenidos por el ICE, hijos que crecen con la ansiedad de ver a su familia separada y parejas que enfrentan las fiestas sin saber si el próximo año los encontrará juntos. El caso de Pablo Casanella, migrante cubano y activista político, resume esa incertidumbre. Su hijo de ocho años incluyó en su carta a Papá Noel un pedido imposible de ignorar: que su padre obtenga asilo político para evitar la deportación y un eventual regreso a la persecución en Cuba. Una súplica infantil que expone el peso emocional que las decisiones políticas ejercen incluso sobre quienes deberían estar al margen de ellas.
“No hay motivo para celebrar”: migrantes y familias separadas en la Navidad estadounidense
Lejos de ofrecer gestos humanitarios durante las fiestas, la Administración Trump redobló el mensaje disuasorio. El Departamento de Seguridad Nacional lanzó una campaña navideña que promueve la “autodeportación”, ofreciendo un bono de 3.000 dólares a quienes abandonen voluntariamente el país antes de fin de año. El mensaje es claro: no habrá tregua, ni siquiera en Navidad. La narrativa oficial celebra cifras —detenciones, deportaciones, visas revocadas— como logros políticos, mientras invisibiliza el drama humano que se esconde detrás de cada número.
Sin árbol y sin familia: la Navidad de los migrantes en Estados Unidos
Las consecuencias de esta política se observan con crudeza en los centros de detención. un joven migrante cubano detenido en Miami tras un control de tránsito, espera su deportación mientras su pareja enfrenta sola la crianza de un bebé y la carga económica de abogados y alquileres. En otros casos, como el de Elmer Antonio Escobar González, deportado sin información clara sobre su paradero, el silencio oficial se vuelve una forma adicional de castigo. Familias enteras viven estas fiestas como un duelo anticipado, sin árboles ni cenas tradicionales, atravesadas por la ausencia y la incertidumbre.
De Washington a Miami: la Navidad atravesada por la agenda antimigrante
Incluso la Iglesia Católica en Florida pidió suspender los operativos migratorios durante las fiestas, apelando a un mínimo gesto de humanidad. La respuesta fue negativa. El mensaje político prevaleció sobre cualquier consideración simbólica o ética, reforzando una lógica de control que convierte a la migración en un problema de seguridad y no en una cuestión de derechos humanos.
La migración como mensaje político: deportaciones y miedo en fin de año
En este contexto, la Navidad funciona como un espejo incómodo de la política migratoria estadounidense. Mientras el discurso oficial promete orden y control, la realidad muestra familias fragmentadas, infancias marcadas por el miedo y comunidades enteras viviendo en pausa, a la espera de una decisión judicial que puede cambiarlo todo. Para muchos migrantes, no hay motivo para celebrar: la esperanza se reduce a un deseo básico y profundamente político a la vez, que el próximo año sea distinto y que la pesadilla de la separación llegue, finalmente, a su fin.