
Por perspectiva internacional
19 de diciembre de 2025
El conflicto sudanés y el fracaso de la comunidad internacional
Mientras la atención internacional oscila entre Ucrania, Gaza o las tensiones en Asia-Pacífico, Sudán se hunde en silencio en la que Naciones Unidas ya define como la peor crisis humanitaria del planeta. Dos años después del estallido de la guerra civil, el país africano ofrece una postal devastadora: ciudades fantasma, hospitales colapsados, millones de desplazados y denuncias de masacres y limpieza étnica que apenas logran romper el cerco del olvido global.
Cuando una guerra sin interés estratégico queda fuera del radar global
El conflicto, iniciado en abril de 2023, enfrenta al ejército regular sudanés con las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un poderoso grupo paramilitar surgido de las milicias que operaron en Darfur. La disputa por el control del Estado derivó rápidamente en una guerra urbana de alta intensidad, especialmente en Jartum, la capital, que hoy es apenas una sombra de lo que fue.
Vivir entre ruinas: Sudán y el costo humano de una guerra interminable
Aunque el ejército logró expulsar a las RSF de la capital en marzo de 2025, la “liberación” no trajo normalidad. Jartum permanece sin agua ni electricidad, con barrios enteros destruidos, infraestructuras clave inutilizadas y ataques esporádicos con drones. El gobierno, además, sigue operando desde Puerto Sudán, a cientos de kilómetros, una señal clara de la fragilidad institucional del país.
Niños sin vacunas, hospitales sin camas: el rostro humano del conflicto en Sudán
La guerra no solo destruyó ciudades: colapsó el sistema sanitario. Cerca del 70% de los hospitales en zonas afectadas por el conflicto están fuera de funcionamiento, víctimas de saqueos, bombardeos o militarización. Centros como el hospital de Salam o el de Al Nao sobreviven gracias al esfuerzo extremo de personal local y ONG internacionales, atendiendo a miles de pacientes en condiciones límite, muchas veces sin camas, medicamentos, oxígeno ni sangre.
Guerra, hambre y olvido: Sudán en 2025
Las consecuencias son alarmantes. En apenas dos años, la tasa de vacunación infantil cayó del 94% al 48%, el nivel más bajo en cuatro décadas. Brotes de cólera, dengue, malaria, sarampión y polio se multiplican, mientras la desnutrición infantil alcanza niveles dramáticos. Cada día, cientos de niños llegan a los pocos hospitales operativos con cuadros graves de deshidratación y hambre.
Conflicto, desplazamientos masivos y emergencia sanitaria
Pero el drama no se detiene en la capital. En Darfur del Norte, las RSF han sido acusadas por la ONU de perpetrar masacres y campañas de limpieza étnica. La caída de El Fasher, tras más de 500 días de asedio, provocó una nueva ola de desplazamientos masivos. Más de 7,2 millones de personas son desplazadas internas, una de las cifras más altas del mundo.
Los olvidados de Sudán: crónica de una tragedia sin testigos
Campos de refugiados improvisados, como el de Al Dabbah en pleno desierto, crecen a un ritmo vertiginoso. Decenas de miles de personas sobreviven allí con raciones mínimas de alimentos y acceso limitado al agua, mientras una generación entera de niños crece marcada por la violencia, el exilio y la precariedad absoluta.
La peor crisis humanitaria del mundo ocurre en silencio
Sudán se ha convertido en un símbolo incómodo del fracaso de la comunidad internacional. Sin grandes intereses estratégicos inmediatos para las potencias, el conflicto queda relegado, subfinanciado y políticamente abandonado. La ayuda humanitaria es insuficiente y los esfuerzos diplomáticos para un alto el fuego efectivo siguen estancados.
Sudán se desangra mientras el mundo mira hacia otro lado
La tragedia sudanesa plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuántas muertes hacen falta para que una crisis sea considerada prioritaria? Mientras el mundo mira hacia otro lado, Sudán se desangra, recordándonos que no todas las guerras tienen el mismo valor mediático, aunque sus consecuencias humanas sean igual —o incluso más— devastadoras.



