Perspectiva Internacional

América Latina toma la delantera climática: los legados políticos y estratégicos de la COP30 en Belém

Por perspectiva internacional

Brasil, 13 de diciembre 2025

Latinoamérica asume el liderazgo climático global tras la COP30 de Belém

En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas y la urgencia climática, la COP30 celebrada en Belém, en pleno corazón de la Amazonia, dejó un mensaje inequívoco: América Latina ya no es solo un territorio afectado por el cambio climático, sino un actor estratégico capaz de proponer soluciones innovadoras y liderar consensos globales.

Belém puso a los guardianes de la biodiversidad en el corazón del debate climático

Realizar la cumbre climática de la ONU, por primera vez, en la Amazonia fue un gesto político deliberado. Allí convergen las oportunidades y amenazas más críticas de la crisis climática: un bioma que regula el régimen de lluvias de todo el continente, sostiene los medios de vida de millones de personas y funciona como uno de los mayores sumideros de carbono del mundo. Pero también un ecosistema que se aproxima peligrosamente a un punto de no retorno. En Belém, delegados de todo el mundo pudieron ver tanto la magnitud del riesgo como las iniciativas concretas que buscan frenar su degradación.

Brasil y la región, protagonistas de una nueva agenda climática

A lo largo de la cumbre, Brasil consolidó un liderazgo regional y global. Aunque el texto final no incluyó compromisos obligatorios para eliminar los combustibles fósiles ni la deforestación, el gobierno brasileño tomó la iniciativa presentando hojas de ruta voluntarias para ambos temas. La propuesta de una “transición ordenada y equitativa lejos de los combustibles fósiles” recibió el respaldo de más de 80 países y abrirá un proceso de debates de alto nivel que iniciará en Colombia en 2026, confirmando a América Latina como epicentro de la discusión sobre energías limpias.

 Brasil redefine el poder climático del Sur Global

En paralelo, Brasil lanzó una hoja de ruta para detener y revertir la deforestación, alineada con una de las iniciativas más ambiciosas de la región en décadas: el Tropical Forest Forever Facility (TFFF), un fondo global destinado a preservar un billón de hectáreas de bosques tropicales en más de 70 países. La innovación del TFFF reside en su lógica: propone pasar de las donaciones a un enfoque de inversión, haciendo que conservar valga más que destruir. La meta es reunir 125.000 millones de dólares, de los cuales más de 6.600 millones ya fueron comprometidos durante la cumbre.

Los pueblos indígenas, del margen al centro

Uno de los aspectos más notables de la COP30 fue la participación histórica de más de 3.000 representantes indígenas, la delegación más grande registrada en una COP climática. No solo presentaron iniciativas ambientales, sociales y económicas, sino que también ejercieron su derecho a la manifestación pacífica: una presencia que no se veía desde hacía tres cumbres.

La era latinoamericana del clima: Belém marca un antes y un después

El TFFF incorpora un cambio estructural: destinar el 20% de sus fondos directamente a pueblos indígenas y comunidades locales, que administran cerca del 80% de la biodiversidad mundial pero reciben menos del 1% de la financiación climática. Además, la cumbre aprobó el Compromiso Intergubernamental de Tenencia de Tierras, que busca reconocer derechos sobre 160 millones de hectáreas, incluyendo 63 millones en Brasil, respaldado por una promesa de 1.800 millones de dólares del Forest Tenure Funders Group.

Incluso la declaración final incorporó, por primera vez, una referencia explícita a poblaciones afrodescendientes, ampliando el reconocimiento de actores clave en la agenda climática.

El “Paquete de Belém” y el multilateralismo regional

La COP30 también dejó un avance central para el Sur Global: el llamado “Paquete de Belém”, aprobado por 195 partes, que acuerda triplicar los fondos de adaptación para 2035. Para América Latina —una de las regiones más vulnerables al cambio climático— este compromiso abre la puerta a mayores recursos para infraestructura resiliente, agricultura climáticamente inteligente y protección frente a eventos extremos.

Bajo el concepto de Mutirão, palabra en Tupí-Guaraní que alude al esfuerzo colectivo, Brasil impulsó la Decisão Mutirão, que incluye:

  • un Acelerador Global de Implementación para reducir la brecha entre planes y acción climática;
  • la Misión Belém para 1,5°C, orientada a coordinar medidas ambiciosas entre países.

Ambas iniciativas apuntan a elevar la capacidad global de ejecución, uno de los déficits más persistentes del sistema climático internacional.

Un liderazgo con impacto regional y global

Aunque la COP30 dejó pendientes cruciales —como la ausencia de acuerdos vinculantes sobre combustibles fósiles—, también envió una señal poderosa: América Latina no solo demanda acción climática, sino que está dispuesta a liderarla. El protagonismo de Brasil, el impulso a mecanismos financieros innovadores, el reconocimiento de los pueblos indígenas y la expansión del financiamiento para la adaptación posicionan a la región como un laboratorio global de soluciones en un momento de crisis multidimensional.

La Amazonia como escenario de una nueva arquitectura climática internacional

El mayor legado de Belém no reside únicamente en sus compromisos técnicos, sino en el espíritu de colaboración, innovación y liderazgo regional que logró consolidarse. Un mensaje que, en un mundo marcado por rivalidades estratégicas y agendas fragmentadas, adquiere relevancia geopolítica y moral.